En Alemania, la tenencia de reptiles como mascotas ha crecido considerablemente, con estimaciones que sugieren que entre 1,2 y 1,3 millones de terrarios están presentes en los hogares. Aunque en España no existen cifras tan precisas, la popularidad de los reptiles domésticos (serpientes, dragones barbudos, geckos, tortugas acuáticas y otros) también ha aumentado, lo que resalta su importancia como reservorios de patógenos zoonóticos, especialmente Salmonella. En este contexto, las medidas de higiene, el manejo seguro del terrario y la identificación precoz de cuadros clínicos compatibles con infección son cruciales.
Los reptiles pueden portar diversos microorganismos potencialmente patógenos para los humanos sin mostrar síntomas. El espectro de enfermedades que pueden transmitirse incluye desde gastroenteritis autolimitada e infecciones crónicas de la piel y los tejidos blandos hasta enfermedades bacterianas invasivas poco frecuentes e infecciones parasitarias. Entre los patógenos que se transmiten de reptiles a humanos, Salmonella es sin duda el más relevante.
Salmonella: la infección más común tras el contacto con reptiles
En casos de salmonelosis sin una fuente de alimento identificable, siempre se debe considerar la presencia de reptiles en el hogar. Estos animales son un reservorio bien documentado de Salmonella, excretando la bacteria incluso sin síntomas clínicos. La frecuencia de detección depende en gran medida de la especie, población y condiciones de crianza de los reptiles. Un estudio en Alemania y Austria encontró Salmonella en más del 50 % de los reptiles examinados. Sin embargo, esta cifra no se puede generalizar a todas las especies. Un metaanálisis de 2025 determinó una prevalencia combinada de alrededor del 30 % en diversos grupos, con diferencias significativas entre serpientes, lagartos y tortugas.
La transmisión ocurre principalmente por vía fecal-oral, a través de manos, terrarios, bebederos, muebles o agua de acuaterrarios contaminados. No se requiere contacto directo con el animal, ya que la bacteria puede propagarse a través del medio ambiente o por personas que han estado en contacto con el reptil o su hábitat. Esto hace que la exposición indirecta sea especialmente relevante, sobre todo para los niños pequeños.
Tras un periodo de incubación de 6 horas a 6 días, se desarrolla generalmente una gastroenteritis aguda, caracterizada por diarrea, fiebre y calambres abdominales; también pueden aparecer náuseas y vómitos. La diarrea suele ser acuosa, aunque puede contener sangre o mucosidad. En la mayoría de los pacientes con sistemas inmunitarios competentes, la enfermedad se resuelve sin tratamiento en unos pocos días.
Los niños, ancianos y personas con sistemas inmunitarios deprimidos tienen un mayor riesgo de complicaciones graves. En infecciones invasivas, la bacteria puede entrar al torrente sanguíneo y diseminarse a otros órganos, teniendo como complicaciones potenciales la bacteriemia, sepsis e infecciones extraintestinales focales.
El diagnóstico se realiza mediante la detección microbiológica en muestras de heces, utilizando tanto cultivo convencional como métodos de biología molecular. En caso de sospecha de evolución invasiva o sepsis, se recomiendan hemocultivos. En la gastroenteritis no complicada, el objetivo principal del tratamiento es la reposición de líquidos y electrolitos, así como el alivio de los síntomas.
En general, no se recomienda el tratamiento antibiótico de rutina para la gastroenteritis por Salmonella no tifoidea no complicada. Los antibióticos pueden prolongar la eliminación de patógenos y deben reservarse para pacientes con enfermedad grave o invasiva, así como aquellos con riesgo elevado de complicaciones. La selección del antibiótico debería basarse en la identificación del patógeno y pruebas de resistencia.
El estado aparente de salud de un reptil no descarta la contaminación por Salmonella. Por ello, se recomienda extremar las precauciones en hogares con niños menores de cinco años, ancianos o pacientes inmunocomprometidos. Las autoridades incluso sugieren que estos hogares consideren otra mascota más adecuada. Lavarse las manos frecuentemente después de tocar al animal, su alimento o su entorno, así como mantener el equipo del terrario separado de las áreas de preparación de alimentos, son medidas preventivas fundamentales.
Mycobacterium marinum: cuando la herida no cicatriza
Aunque Salmonella causa principalmente enfermedades gastrointestinales, otras infecciones asociadas a reptiles pueden manifestarse de manera diferente. Por ejemplo, las lesiones cutáneas crónicas o de curación lenta tras el contacto con acuarios o animales acuáticos deben levantar sospecha de infección por Mycobacterium marinum.
M. marinum es una micobacteria no tuberculosa de crecimiento lento que se encuentra en ambientes acuáticos y puede colonizar biopelículas en acuaterrarios y acuarios. La infección en humanos generalmente ocurre cuando el agua o material contaminado entra en la piel a través de pequeñas heridas. Las lesiones durante el manejo de animales acuáticos también pueden ser una vía de entrada.
Una característica distintiva es una pápula de progresión lenta o un nódulo rojo, generalmente en manos o antebrazos. Pueden pasar semanas entre la exposición y la aparición de cambios visibles en la piel, lo que a menudo provoca confusiones con infecciones bacterianas comunes, infecciones fúngicas o lesiones granulomatosas no infecciosas.
En algunos casos, la enfermedad se limita a la piel y el tejido subcutáneo, pero puede extenderse a través de vasos linfáticos e incluso afectar estructuras más profundas como tendones, articulaciones o huesos. Por lo tanto, es esencial preguntar sobre el trabajo con acuarios o contacto con animales acuáticos en casos de lesiones cutáneas crónicas en las extremidades superiores.
Para el diagnóstico, es fundamental la detección microbiológica del patógeno a partir de tejido o biopsia. Se debe informar al laboratorio sobre la sospecha de infección por M. marinum, ya que esta bacteria crece a temperaturas más bajas que muchas otras micobacterias patógenas humanamente relevantes, generalmente entre 28 y 32 °C, y el cultivo puede tardar varias semanas. El examen histopatológico y métodos de biología molecular pueden complementar el diagnóstico.
El tratamiento también requiere paciencia. Dependiendo de la severidad de la infección, se utilizan diferentes esquemas terapéuticos antimicobacterianos, y a menudo se requiere un tratamiento prolongado para infecciones más profundas. Por lo general, no se puede establecer un régimen de
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