Una teoría para explicar la epidemia de obesidad y sobrepeso en Estados Unidos es el hambre hedónica, definida como el impulso de comer por placer sin tener hambre física. Sin embargo, esto no se suele observar en la práctica clínica.
El hambre hedónica se relaciona con las vías dopaminérgicas, y puede observarse en conductas como desear un postre después de una comida abundante, seguir comiendo porciones excesivas después de llegar a la saciedad o sentir antojo de productos de repostería tras percibir su delicioso aroma, a pesar de no tener hambre física.
Contrario a la creencia popular, muchos pacientes que tienen atracones o trastornos en los patrones de alimentación no están motivados únicamente —ni siquiera sustancialmente— por la búsqueda del placer. En cambio, suelen presentar patrones restrictivos en la ingesta de alimentos, buscando el bienestar o una alimentación «saludable», adelgazar y, como forma de autoprotección, reducir el estigma del peso.
Irónicamente, la rigidez y presión que provienen de estas actividades aparentemente positivas, contribuyen a la sobrealimentación, atracones, fluctuaciones cíclicas del peso y a un mayor peso corporal. El hambre hedónica puede estar presente, pero rara vez es la única causa.
Ciclo restrictivo
Muchas personas, con independencia de su complexión, adoptan prácticas alimentarias restrictivas para bajar de peso, como eliminar grupos de alimentos, ayunar o comer menos de lo necesario.
El Experimento de Inanición de Minnesota, demostró que la alimentación restrictiva puede contribuir a:
- Preocupación por la comida
- Episodios de sobreingesta y atracones, que a veces implican combinaciones inusuales de alimentos
- Aislamiento social
- Preocupaciones por la imagen corporal
- Estados emocionales negativos
- Interacciones sociales tensas relacionadas con la comida
- Síntomas físicos, incluidas molestias digestivas
La biología del cuerpo favorece la supervivencia. Cuando la alimentación es inadecuada o desequilibrada, se intensifican respuestas biológicas y psicológicas ante la privación.
Es importante destacar que comer en exceso o tener atracones puede no reflejar un fracaso personal de la «fuerza de voluntad», aunque muchos pacientes lo describan así. Más bien, las personas suelen responder a comer en exceso volviéndose aún más restrictivas y rígidas en la consecución de sus objetivos de peso o de salud, percibidos ahora como arruinados, esto las hace cada vez más vulnerables a sufrir otro episodio de sobrealimentación.
Conceptualmente, el ciclo suele ser el siguiente: el cuerpo impulsa a comer en exceso, la persona lo interpreta como una debilidad o como un fracaso, la alimentación se vuelve más rígida y restrictiva, y el cuerpo vuelve a lanzar este impulso.
Lo que parece un problema de autocontrol puede, en cambio, reflejar consecuencias previsibles de la privación. Para quienes siguen dietas de forma crónica o experimentan una sensación psicológica de privación o escasez de alimentos, pensamientos como «no puedo volver a comer esto» o una mentalidad de «último capricho» pueden intensificar aún más el atracón.
La privación en sí misma puede aumentar el atractivo emocional de los alimentos, en especial de aquellos que antes estaban restringidos o que son muy apetecibles para la persona, como dulces o chocolates. Entonces surge el pensamiento de «me salí del plan, así que más vale seguir adelante y empezar de nuevo mañana».
A simple vista, este patrón puede parecer motivado por el placer. Sin embargo, su origen puede estar en la privación, rigidez, miedo a la comida y en los intentos de protegerse a uno mismo en una cultura que suele ser poco acogedora con las personas de mayor tamaño corporal.
La alimentación como mecanismo de recompensa
Nuestra sociedad, en general, no está diseñada para adaptarse a los cuerpos de mayor tamaño. Los asientos de avión y los límites de peso estándar de las sillas no se adaptan a las diversas complexiones corporales. Las burlas, el acoso, la discriminación y el estigma social refuerzan el mensaje de que los cuerpos de mayor tamaño son inaceptables. Las investigaciones relacionan sistemáticamente el estigma del peso con atracones y otros trastornos en patrones de alimentación.
Estas experiencias pueden contribuir a la angustia psicológica y a patrones irregulares de alimentación. Imagínese no caber en las sillas, que se burlen de su complexión mientras camina por la calle o que su compañero de fila en un avión haga un gesto de impaciencia mientras coloca su equipaje de mano en el compartimento superior.
Cuando el cuerpo de una persona no se ajusta a los ideales culturales dominantes, cambiar ese cuerpo puede parecer el único camino hacia la seguridad, la aceptación o la pertenencia.
En su afán por bajar de peso, muchas personas recurren a alimentos bajos en calorías o «dietéticos», que a menudo proporcionan poca satisfacción o sensación de saciedad. Piense en las galletas de arroz, un alimento dietético por excelencia. No sé pensar en una galleta de arroz o un «alimento dietético» similar sin recordar a pacientes de todos los tamaños corporales describirlo como «comer aire», «aburridos», «repugnantes» o incluso «el castigo que merezco por ser gordo».
Algunos pacientes consumen repetidamente grandes cantidades de alimentos «seguros», bajos en calorías o dietéticos, sin llegar a sentirse psicológicamente satisfechos. En estos casos, la recompensa esperada no llega a cumplirse del todo, lo que puede favorecer la continuación de la ingesta, tanto a nivel biológico como psicológico.
En una entrevista para un proyecto editorial reciente, el Dr. Michael Lutter, médico y científico, explicó la teoría del error de predicción de la recompensa, es decir, la diferencia entre la recompensa esperada y la obtenida, la cual ayuda a profundizar la comprensión de este patrón.
«Contrario a la creencia popular, la dopamina no es realmente un neurotransmisor del ‘placer'», detalló. «Una forma más adecuada de entenderlo es que regula el valor motivacional de la recompensa… y los errores en la predicción de la recompensa esperada».
Conclusiones clínicas
Si la privación puede agravar la sobrealimentación y los atracones en algunas personas, ¿qué deben hacer las y los médicos?
Exactamente lo que están haciendo ahora mismo: buscar más información para apoyar a sus pacientes.
Los trastornos de la conducta alimentaria representan el extremo más grave de los comportamientos alimentarios problemáticos. Enfoques nutricionales contemporáneos en estos trastornos, como la alimentación intuitiva y la alimentación consciente, hacen hincapié en objetivos tales como:
- Aumentar la conciencia interoceptiva, incluyendo el placer y la satisfacción que proporciona la alimentación
- Restablecer patrones de alimentación regulares para reducir la alimentación discontinua
- Disminuir la privación y eliminar etiquetas morales como los alimentos «buenos» y «malos»
- Reducir la ansiedad relacionada con la alimentación
Si su paciente tiene la disposición para hablar de nutrición, reconocer la posible utilidad de enfoques nutricionales no restrictivos para personas de cualquier peso —en particular para aquellas con un peso superior al promedio— puede resultarles beneficioso.
Si su paciente refiere patrones que indiquen la sospecha de algún trastorno en la conducta alimentaria, tome en cuenta que estas preocupaciones no suelen verbalizarse de manera abierta, así puede indagar si existe alguna deficiencia nutricional y de ese modo, corregirla a tiempo.
Una metáfora que se utiliza a menudo en el ámbito de los trastornos de la conducta alimentaria es la de una estufa de leña: lo que se busca es mantener la llama constante. Si el fuego está a punto de apagarse, suele requerir mucho esfuerzo y leña reavivarlo, al tiempo que se corre el riesgo de una inestabilidad temporal. Puede resultar más eficaz añadir leña de forma constante para que el fuego se mantenga desde el principio.
A menudo, las y los médicos disponen de poco tiempo con sus pacientes, por lo que puede que no sea posible dedicar los minutos suficientes para hablar de nutrición. Puede resultar útil derivar al paciente a un dietista que adopte un enfoque inclusivo respecto al peso (es decir, que haga hincapié en los hábitos saludables y el bienestar, en lugar de centrarse en el estado o la pérdida de peso).
En cuanto al estigma del peso, si usted y su paciente se sienten cómodos, podría introducir el concepto de salud inclusiva. A algunos y algunas pacientes les puede resultar beneficioso escuchar que está bien defender las preocupaciones relacionadas con la salud, la nutrición, el ejercicio, el bienestar emocional y la calidad de vida más allá del peso en sí —especialmente porque los sistemas de salud no siempre hacen hincapié en esos aspectos—.
Por último, el estigma del peso está asociado a muchos de los patrones alimentarios que en atención de salud se espera prevenir. Como profesionales de la salud, es importante evitar que los y las pacientes con un peso superior al promedio se sientan avergonzados; además, los prejuicios relacionados con el peso contribuyen a retrasar diagnósticos o a que éstos pasen inadvertidos. Recibir capacitación específica sobre el estigma del peso en el ámbito médico puede ayudar a profesionales de la salud a actuar con más seguridad.
He aquí un enfoque práctico y sencillo que no requiere tiempo adicional durante una consulta: a un o una paciente con un cuerpo de mayor tamaño, ofrézcale las recomendaciones para mejorar la salud que le ofrecería a una persona con un índice de masa corporal dentro del rango «saludable» o «normal».
Irónicamente, reducir el estigma del peso y aumentar la nutrición, flexibilidad y satisfacción puede ayudar a disminuir los comportamientos alimentarios que más temen las personas.
Descargo de responsabilidad: Este artículo es solo para fines informativos y educativos. No es un consejo médico, y se recomienda que consulte a un profesional de la salud calificado para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuado.
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