La mayor parte de la evidencia sobre el impacto del frío en el sistema cardiovascular proviene de estudios realizados en países de clima templado. La baja temperatura puede inducir vasoconstricción, aumento de la presión arterial y activación plaquetaria, mecanismos que incrementan la carga y el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, surge la pregunta sobre si estos mecanismos se comportaban de la misma manera en poblaciones habituadas a climas más cálidos.
Investigadores e investigadoras de la Universidad Federal do Paraná y la Pontifícia Universidad Católica do Paraná, ambas en Brasil, evaluaron la relación entre la temperatura ambiental y las hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares en Brasil.
El estudio combinó datos climáticos con registros de casi 3 millones de hospitalizaciones cardiovasculares en más de 100 ciudades brasileñas durante un periodo de 14,5 años. Se incluyeron internaciones por infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardiaca, arritmias e ictus registradas en el DATASUS (Departamento de Informática do Sistema Único de Saúde do Brasil) entre enero de 2010 y junio de 2024 en relación con las temperaturas medias diarias informadas por el INMET (Instituto Nacional de Meteorología) para cada una de las ciudades incluidas en el análisis.
El estudio, publicado en la revista PLOS Global Public Health, destaca por ser el primero en comparar el riesgo cardiovascular asociado a la temperatura entre personas que viven en ciudades de clima tropical y en ciudades de clima templado dentro del mismo país. Este enfoque permite evaluar si la exposición al frío puede tener efectos diferentes según las condiciones climáticas habituales de cada población. La investigación también aporta evidencia relevante para Brasil, donde siguen siendo escasos los estudios recientes que relacionan las variaciones de temperatura ambiental con las tasas de hospitalización por enfermedades cardiovasculares.
Los hallazgos
Los datos, sin embargo, revelaron que no hubo diferencias estadísticamente significativas entre las ciudades de clima tropical y las de clima templado. En todo Brasil, desde Manaos hasta Porto Alegre, se identificó un umbral cercano a los 19 °C, por debajo del cual comenzó a aumentar el riesgo de hospitalización por causas cardiovasculares.
Entre 9 °C y 18 °C, el riesgo aumentó progresivamente a medida que disminuyó la temperatura. A 18 °C, el riesgo relativo (RR) fue de 1,01 (intervalo de confianza [IC] del 95 %: 1,01– 1,02); a 14 °C, de 1,03 (IC del 95 %: 1,02-1,04); y a 9 °C, de 1,05 (IC del 95 %: 1,01-1,09). Entre 19 °C y 24 °C, la temperatura no mostró una asociación relevante con las hospitalizaciones. Por encima de 25 °C, la tendencia se invirtió: el riesgo de hospitalización cardiovascular disminuyó a medida que aumentó la temperatura y alcanzó un RR de 0,97 (IC del 95 %: 0,93-1,02) a 30 °C.
En términos absolutos, Brasil registró cerca de 20 millones de hospitalizaciones por causas cardiovasculares durante el periodo analizado. Por lo tanto, incluso un incremento pequeño del riesgo relativo asociado con temperaturas más bajas puede traducirse en un número considerable de internaciones a nivel poblacional.
Según la Dra. Bruna Dóris, cardióloga y primera autora del estudio, los resultados coincidieron con una observación frecuente en la práctica clínica: durante los periodos de frío se registraban más hospitalizaciones cardiovasculares. El estudio permitió evaluar si esta percepción correspondía solo a un sesgo de observación o si existía una asociación medible, explica en una entrevista.
De hecho, la investigación confirmó esta asociación entre el frío y un mayor número de hospitalizaciones por causas cardiovasculares, pero la autora advierte que «al tratarse de un estudio ecológico y observacional, no es posible afirmar que el descenso de temperatura fuera la causa directa del aumento de las internaciones».
La idea es ampliar el análisis, estratificando los datos por región geográfica, tipo de enfermedad cardiovascular y grupo etario, señaló la cardióloga. «Esta información ya está disponible en DATASUS.»
Más allá de la temperatura
La relación entre la temperatura y la salud cardiovascular es compleja y está influida por múltiples factores. La contaminación ambiental, las condiciones socioeconómicas, la edad de la población y las infecciones respiratorias estacionales pueden superponerse y actuar como variables de confusión que un estudio ecológico no permite aislar por completo.
«Es como si estuviéramos viendo solo la punta de un iceberg«, declaró la Dra. Glaucia Maria Moraes de Oliveira, cardióloga y editora en jefe de la revista ABC Cardiol. Otro problema, según la especialista, es evaluar las temperaturas promedio, ya que esto «crea un sesgo de medición muy grande».
El estudio analizó exclusivamente la temperatura y no incorporó variables como humedad, contaminación ambiental o hábitos alimentarios. El equipo autoral planteó algunas hipótesis para explicar las diferencias regionales; por ejemplo, que determinados patrones alimentarios pudieran contribuir a las mayores tasas de hospitalización observadas en el sur de Brasil o que la elevada humedad de la región amazónica pudiera ejercer algún efecto protector. Sin embargo, ninguna de estas posibilidades fue evaluada directamente y los datos no permiten confirmarlas.
Los efectos cardiovasculares frente a la exposición al frío tampoco aparecen necesariamente de forma inmediata. Estudios previos sugieren que pueden manifestarse con un retraso de entre 7 y 21 días. El propio estudio calculó un periodo de exposición de 7 días, aunque este intervalo no modificó de forma significativa las tasas de hospitalización en el modelo analizado.
Según la Dra. Moraes de Oliveira, cuando se trata de la temperatura ambiente, lo que lleva a las personas a ser hospitalizadas por enfermedades cardiovasculares son los extremos. Las temperaturas medias, por otro lado, no son las que «desencadenan» la hospitalización.
Además, las temperaturas extremas, más que los valores intermedios, serían particularmente relevantes para el riesgo cardiovascular. «Otra cuestión importante es que el organismo esté acostumbrado a un rango de temperaturas. Lo hemos visto recientemente en Europa», recuerda la cardióloga, refiriéndose a las más de 30 mil muertes adicionales registradas en el continente durante las olas de calor extremo en el verano de este año.
Medidas de prevención
¿Qué se puede hacer para mitigar los posibles efectos de la temperatura en la salud? Frente a las bajas temperaturas, las especialistas destacaron la importancia de adoptar medidas tanto poblacionales como clínicas. Entre ellas se encuentran las estrategias dirigidas a personas en situación de calle y los programas destinados a mejorar el acceso a sistemas de calefacción en poblaciones socioeconómicamente vulnerables.
«También resulta especialmente relevante la vacunación frente a infecciones respiratorias, en particular frente a influenza y virus sincicial respiratorio, ya que estas infecciones pueden actuar como desencadenantes de eventos cardiovasculares, como infarto agudo de miocardio o ictus», agrega la Dra. Moraes de Oliveira.
Finalmente, las especialistas remarcan que la principal medida de protección para las personas con enfermedad cardiovascular continúa siendo un tratamiento adecuado de la enfermedad de base, con cumplimiento de la terapia farmacológica y de las recomendaciones establecidas por las guías clínicas.
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