Bienvenidos a Factor de Impacto, su dosis semanal de comentarios sobre un nuevo estudio en medicina. Soy el Dr. F. Perry Wilson, de la Facultad de Medicina de Yale, en New Haven, Estados Unidos.
El estrés y el cáncer
El estrés no causa cáncer.
Si se consulta la literatura médica existente, esa afirmación no es muy controvertida, pero si se pregunta a las y los pacientes, alrededor de 50 % cree que el estrés crónico es un factor de riesgo de cáncer. Es más, muchos médicos, en el fondo de su corazón, también lo creen.
Todos hemos oído esas historias. Un hombre pasa por un divorcio complicado y, un par de años después, le diagnostican cáncer de estómago. Una mujer, con estrés crónico en el trabajo, desarrolla cáncer de ovario a una edad temprana. Estas anécdotas se nos quedan grabadas en la mente porque a los seres humanos nos reconforta poder explicar las tragedias. La idea de que nuestro destino es aleatorio, sujeto a las vicisitudes de un universo indiferente, a un rayo gamma perdido que golpea una cadena de ADN en el lugar equivocado y en el momento equivocado, es más desconcertante que la idea de que tenemos cierto control sobre cosas como esta. Si tan solo pudiéramos mantener la calma y seguir adelante.
Pero la percepción de que el estrés causa cáncer puede resultar perjudicial. Significa que algunas personas se culpan a sí mismas cuando se les confirma un nuevo diagnóstico de cáncer. Si tan solo hubieran estado más relajadas, más zen, esto nunca habría pasado. Creo que, por tanto, tiene valor demostrar, potencialmente, que el estrés es malo, pero no malo porque cause cáncer. Y un estudio realmente interesante que acaba de salir esta semana ayuda a demostrarlo.
Metanálisis sobre factores psicosociales
Esta semana he estado analizando este estudio, publicado en Cancer, que es un metanálisis de datos de participantes individuales sobre factores psicosociales y la incidencia del cáncer a partir de 22 cohortes de todo el mundo.
Los metanálisis combinan datos de múltiples estudios. Uno estándar básicamente promedia los resultados de los estudios, ponderados por la precisión de cada uno. En esencia, eso significa que un metanálisis es un resumen de resúmenes, y aquí es muy fácil perder de vista los árboles por ver todo el bosque.
Un metanálisis de datos de participantes individuales es mucho más potente. Estas 22 cohortes aportaron no solo sus estimaciones generales, sino también los datos individuales de cada participante. Esto es fundamental en un estudio sobre un tema como el estrés, ya que permitió al equipo de investigación estandarizar las mediciones de los factores psicosociales en todas las cohortes, independientemente de las definiciones utilizadas en los artículos originales.
En total, se trata de datos individuales de 421.799 participantes, de los cuales 35.319 desarrollaron cáncer durante el periodo de seguimiento. Son muchos datos con los que trabajar.
Factores de estrés psicosocial
El grupo de investigación cuantificó los factores de estrés psicosocial en cinco ámbitos, aunque no todos estaban disponibles en cada cohorte subyacente: situación sentimental, apoyo social percibido, pérdida reciente (definida como la muerte de un familiar directo en los últimos 12 meses), malestar psicológico general y neuroticismo.
No podemos limitarnos a observar la correlación entre esos factores y el cáncer, es evidente que aquí hay factores de confusión.
La edad como factor de riesgo
¿Cuál es el más importante? La edad.
La edad es el factor de riesgo más importante para el cáncer y cuanto más envejecemos, hay más factores de estrés psicosocial a los que estamos expuestos. Es un hecho simple que las personas mayores son más propensas que las jóvenes a haber perdido a un ser querido, a haberse divorciado, etc. De hecho, creo que esta es una de las razones por las que la relación entre el estrés y el cáncer está tan de moda. La etapa de la vida en la que el cáncer tiende a desarrollarse es también la etapa en la que surgen todos estos factores estresantes.
Por lo tanto, debemos ajustar por edad, lo cual hicieron los autores. En su modelo base, también ajustaron por sexo, país y nivel educativo.
Teniendo esto en cuenta, podemos examinar los resultados.
El neuroticismo y el malestar psicológico general son los factores que asociamos con un determinado tipo de personalidad: la persona con estrés crónico. Si existiera una relación entre el estrés y el cáncer, esperaría verla aquí primero. La hipótesis es que el estrés crónico aumenta factores como los niveles de cortisol endógeno, que inhiben el sistema inmunitario, lo que impide la vigilancia inmunitaria y permite que crezcan cánceres que, de otro modo, habrían sido eliminados.
Sin embargo, no se encontró ninguna relación entre el neuroticismo o el malestar psicológico general y todos los tipos de cáncer ni con ningún tipo específico.
Otros factores psicosociales
¿Qué ocurre con los demás factores psicosociales? La percepción de un escaso apoyo social, una pérdida reciente y no tener pareja se asociaron con un mayor riesgo de cáncer de pulmón. No tener pareja también se asoció con algunos otros tipos de cáncer relacionados con el tabaquismo.
Y esa es la clave de lo que está pasando aquí. Hay algo que media la relación entre el escaso apoyo social, una pérdida reciente o no tener pareja, y un mayor riesgo de cáncer de pulmón y de otros tipos de cáncer asociados al tabaquismo. ¿Cómo? Sí, el tabaquismo.
Las personas que padecían estos tipos concretos de estrés fumaban más. Tras ajustar por el tabaquismo, esta asociación se redujo drásticamente. El equipo autoral creó un modelo totalmente ajustado que contemplaba factores de estilo de vida como el tabaquismo, el índice de masa corporal, el consumo de alcohol y los antecedentes familiares de cáncer.
Teniendo en cuenta esto, prácticamente no había asociación entre ninguno de los factores de estrés psicosocial y ningún tipo de cáncer. Hay dos excepciones. La pérdida reciente de un familiar siguió estando asociada a la incidencia de cáncer de pulmón incluso tras ajustar por el tabaquismo. Sin embargo, estos datos solo estaban disponibles en una cohorte, lo que significa que pueden ser un poco difíciles de interpretar. Además, se mantuvo una asociación significativa entre no tener pareja y los cánceres relacionados con el tabaquismo en su conjunto, aunque esa relación se atenuó considerablemente.
Interpretación de los resultados
¿Es esto cierto? No estoy seguro. A mí me sigue pareciendo probable que sea el tabaquismo lo que provoca los cánceres relacionados con el tabaquismo y que el ajuste por este factor sea intrínsecamente imperfecto. La gente podría declarar que fuma menos de lo que realmente fuma, o declarar que no fuma cuando sí lo hace, y así sucesivamente. El ajuste no es mágico y vale la pena señalar que la magnitud de los efectos se reduce con el ajuste por tabaquismo.
Por supuesto, es posible que el estrés específico del duelo tenga un efecto carcinógeno único en los pulmones y no en otros tejidos, pero eso me parece biológicamente inverosímil.
Creo que la forma más racional de interpretar estos datos es decir que no, el estrés en sí mismo no causa cáncer, pero el estrés puede llevarte a adoptar comportamientos, como fumar o beber alcohol, que sí causan cáncer.
Eso significa que debemos cambiar el discurso cuando a un paciente se le diagnostica un nuevo cáncer. Por supuesto, hay cosas que hacemos que aumentan nuestro riesgo: fumamos cuando no deberíamos, bebemos más de lo que deberíamos. Sabemos que existen riesgos reales relacionados con el estilo de vida, pero la verdad es que aquí hay un componente aleatorio. Algunos cánceres son simplemente mala suerte y culparse a uno mismo por no haber afrontado adecuadamente la muerte de un familiar, o por un matrimonio que ha fracasado, o por no haber dejado el trabajo que le supone demasiado estrés no sirve de nada y, lo que es más importante, no es cierto. El estrés es malo, pero no es como fumar. Aunque no estoy seguro de cuál de los dos es más fácil de dejar.
Este contenido se tradujo de la edición en inglés de Medscape.
Disclaimer: La información proporcionada en este artículo es solo para fines informativos y no debe ser utilizada como un sustituto del asesoramiento médico profesional, diagnóstico o tratamiento. Siempre busque el consejo de su médico u otro proveedor de salud calificado con cualquier pregunta que pueda tener con respecto a una afección médica.
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