¿Son eficaces las ondas de choque para tratar la disfunción eréctil?

Introducción

Las ondas de choque de baja intensidad para tratar la disfunción eréctil. La idea resulta atractiva tanto para médicos como para pacientes: un procedimiento no invasivo, sin fármacos de por medio y con potencial regenerativo al estimular la angiogénesis y mejorar el flujo sanguíneo del pene. Pero… ¿realmente es eficaz o estamos ante una tecnología prometedora cuya evidencia aún no es suficiente para incorporarla plenamente a la práctica clínica? Mientras esta pregunta está en el aire, numerosas clínicas especializadas ya ofrecen esta terapia como alternativa o complemento a los tratamientos tradicionales.

Terapia de Ondas de Choque

Las ondas de choque de baja intensidad (Low-Intensity Extracorporeal Shockwave Therapy, [Li-ESWT]) se han convertido en una de las terapias no invasivas más investigadas para el tratamiento de la disfunción eréctil. Un tipo de tecnología que se utiliza en medicina desde hace décadas, por ejemplo, para fragmentar cálculos renales en urología o favorecer la reparación de tejidos en traumatología, aunque en estos casos se emplean ondas de mayor intensidad.

Su aplicación en medicina sexual surgió a partir de la hipótesis de que pulsos acústicos de baja intensidad, aplicados sobre diferentes zonas del pene, podrían inducir cambios biológicos en el tejido vascular, mejorando la circulación sanguínea necesaria para la erección. El tratamiento no requiere anestesia y suele realizarse en ciclos de entre seis y doce sesiones, aunque los protocolos varían de forma considerable entre estudios clínicos y centros médicos.

Cómo se maneja la disfunción eréctil

La disfunción eréctil es uno de los trastornos sexuales masculinos más frecuentes y se define como la incapacidad persistente para lograr o mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria. Aunque su prevalencia aumenta con la edad, también puede afectar a hombres jóvenes, especialmente cuando existen factores de riesgo cardiovasculares, metabólicos o psicológicos.

En España se estima que alrededor de uno de cada cinco hombres mayores de 18 años presenta algún grado de disfunción eréctil. A pesar de esta elevada prevalencia, muchos pacientes no consultan por el problema, lo que contribuye a un importante infradiagnóstico.

Desde el punto de vista terapéutico, su manejo se basa en un enfoque escalonado con intervenciones de eficacia clínica establecida, donde la primera línea de tratamiento son los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (PDE5i), como sildenafilo o tadalafilo, fármacos que facilitan la erección al potenciar la vasodilatación del tejido cavernoso en respuesta a la estimulación sexual.

Estos medicamentos han demostrado una eficacia elevada en la mayoría de los pacientes con disfunción eréctil leve o moderada, pero cuando no resultan eficaces o están contraindicados, se puede recurrir a inyecciones intracavernosas de agentes vasoactivos, que inducen la erección de forma directa al actuar sobre el músculo liso del pene.

Cuando ambas estrategias fracasan, la opción terapéutica más efectiva es la prótesis peneana, un dispositivo implantable que permite restaurar la función eréctil de forma permanente. Se calcula que alrededor de un 15 % de los pacientes no responde ni a fármacos ni a inyecciones, por lo que pueden ser candidatos a este tipo de cirugía.

Ondas de choque: qué dice la evidencia

Junto a estas opciones, han surgido diversas terapias regenerativas, como las ondas de choque de baja intensidad, con resultados prometedores en estudios preliminares, aunque la mayoría de las guías clínicas todavía las consideran estrategias en investigación o complementarias, pendientes de una evidencia más sólida.

En el caso de la terapia con ondas de choque de baja intensidad (Li-ESWT), en los últimos años ha sido objeto de numerosos ensayos clínicos y revisiones sistemáticas que han tratado de determinar su eficacia, especialmente en pacientes con etiología vascular.

Uno de los análisis más recientes, un meta-análisis de 12 ensayos clínicos aleatorizados (2025) que incluyó a 882 hombres con disfunción eréctil vasculogénica, encontró que esta terapia se asocia a una mejora significativa en la puntuación del International Index of Erectile Function (IIEF-EF) en comparación con placebo o tratamiento simulado. El estudio también observó un incremento en la proporción de pacientes que alcanzaron un Erection Hardness Score (EHS) ≥ 3, considerado un nivel suficiente de rigidez para la penetración.

Resultados similares se recogieron en una revisión sistemática publicada en Journal of Personalized Medicine (2024), que concluye que los pacientes tratados con Li-ESWT presentan mejoras estadísticamente significativas en las escalas de función eréctil frente a placebo, con incrementos que en algunos ensayos alcanzan hasta cinco puntos en el IIEF-EF, una magnitud considerada clínicamente relevante en pacientes con disfunción eréctil leve o moderada.

Y un informe de evaluación de evidencia publicado en 2025 señala que, en comparación con placebo o ausencia de tratamiento, esta terapia aumenta tanto la puntuación media del IIEF-EF como el porcentaje de pacientes que alcanzan la mínima diferencia clínicamente importante.

No obstante, los investigadores advierten de que hay importantes limitaciones metodológicas, ya que se da una gran diversidad en los protocolos utilizados, con diferencias en el número de sesiones, la energía aplicada, el tipo de generador y las zonas tratadas. Además, la mayoría de los estudios se han centrado en disfunción eréctil vasculogénica leve o moderada, mientras que la evidencia es mucho más limitada en pacientes con enfermedad severa, diabetes avanzada o tras una prostatectomía radical. Otro aspecto poco claro es la duración del efecto más allá de los 12 meses, debido a la escasez de estudios con seguimiento prolongado.

Qué dicen las guías clínicas

En este contexto y a pesar de los resultados positivos observados, las principales guías clínicas internacionales mantienen una postura prudente respecto al uso de las ondas de choque en disfunción eréctil. Las guías de la American Urological Association (AUA) consideran la terapia una intervención en fase de investigación, por lo que recomiendan limitar su uso al ámbito de los ensayos clínicos o los protocolos de investigación, al menos hasta disponer de evidencias más contundentes sobre su eficacia y seguridad a largo plazo. De hecho, esta terapia no cuenta con la aprobación específica de la FDA de Estados Unidos para el tratamiento de la disfunción eréctil, ni está cubierto por la mayoría de los sistemas de aseguramiento sanitario.

En la misma línea, revisiones y protocolos de la colaboración Cochrane (2026) subrayan la falta de consenso sobre los estándares mínimos de tratamiento, como el número de sesiones, la densidad de energía, el número de impulsos o la duración de los ciclos terapéuticos. Concluyen que son necesarios más ensayos clínicos aleatorizados multicéntricos, con varios cientos de pacientes, que utilicen protocolos claramente definidos y comparables. También señalan que hay que definir con mayor precisión qué pacientes se beneficiarán más y en qué condiciones antes de integrarla plenamente en la práctica clínica habitual.

Pese a estas recomendaciones, ya se está advirtiendo de la rápida expansión comercial de esta tecnología en clínicas privadas, donde con frecuencia se presenta como una terapia consolidada a pesar de la falta de consenso científico definitivo. Son análisis que señalan que además existen grandes variaciones en los dispositivos utilizados, los protocolos terapéuticos y los costes establecidos entre los centros que lo ofrecen.

Otras terapias regenerativas para la disfunción eréctil

El interés por las ondas de choque forma parte de una tendencia más amplia en disfunción eréctil para el desarrollo de terapias regenerativas capaces de restaurar la función vascular y nerviosa del tejido cavernoso, en lugar de limitarse a facilitar la erección de forma puntual.

Entre las estrategias que despiertan mayor interés se encuentra el plasma rico en plaquetas (PRP), una técnica que consiste en concentrar y reinyectar plaquetas del propio paciente para liberar factores de crecimiento que favorezcan la angiogénesis y la reparación tisular. Algunos centros están explorando su uso mediante inyección intracavernosa, en ocasiones combinado con ondas de choque para potenciar el efecto. Sin embargo, la evidencia disponible viene de series clínicas y estudios preliminares, y son escasos los ensayos clínicos aleatorizados.

Otra línea de investigación es la terapia con células madre, especialmente células mesenquimales obtenidas de tejido adiposo o médula ósea. Estudios preclínicos en modelos animales han mostrado mejoras en el flujo sanguíneo peneano y en la regeneración del tejido cavernoso, con restauración parcial de la función eréctil tras lesiones vasculares o nerviosas. Los primeros ensayos en humanos, con grupos pequeños de pacientes, también han mostrado mejoras mantenidas durante varios meses, aunque los propios investigadores afirman que se trata de estudios iniciales con seguimiento limitado.

También se investigan otras aproximaciones experimentales, como terapias génicas dirigidas a mejorar la señalización vascular o combinaciones de tratamientos regenerativos con fármacos convencionales. Algunas revisiones sugieren que terapias como las ondas de choque podrían mejorar la respuesta a los inhibidores de la PDE5 en pacientes previamente refractarios, aunque este efecto todavía requiere confirmación en estudios controlados.

Por ahora, la mayoría de estas terapias siguen considerándose experimentales. La promesa de estas tecnologías, incluida las ondas de choque de baja intensidad, es seductora, pero entre la expectativa y la evidencia aún existe una amplia distancia que la ciencia tiene que ir acortando poco a poco con estudios más homogéneos y a largo plazo.

Nota de descargo de responsabilidad: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Siempre consulte a un médico o a otro proveedor de salud calificado con cualquier pregunta que pueda tener respecto a una condición médica.

Este contenido fue originalmente publicado en El Médico Interactivo, parte de la Red Profesional de Medscape.


Fuente: https://espanol.medscape.com/s/viewarticle/son-eficaces-ondas-choque-tratar-disfunci%C3%B3n-2026a1000bm7

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