La soledad marcaría la memoria de las personas mayores, pero no el ritmo de su deterioro

La soledad afectaría la memoria de las personas mayores; sin embargo, no aceleraría el deterioro cognitivo con el paso del tiempo. Así lo sugiere un estudio europeo, publicado recientemente en la revista Aging & Mental Health, que analizó las trayectorias de memoria de adultos mayores.

Un marcador temprano de vulnerabilidad cognitiva

La investigación muestra que la percepción de soledad funciona como un indicador temprano de vulnerabilidad cognitiva. Las personas con mayor soledad presentaron un peor rendimiento inicial en la memoria, incluso antes de que aparecieran signos de deterioro.

El investigador principal, médico geriatra y profesor de la Universidad del Rosario, Colombia, Dr. Luis Carlos Venegas-Sanabria, explicó a Medscape en español que el objetivo era capturar el efecto puntual de la soledad: «Si yo hoy me siento solo, cómo va a evolucionar mi memoria. Nos interesaba entender cómo una percepción de soledad en el presente termina impactando la memoria a futuro». Esto permitiría, según la visión del equipo autoral, intervenir desde etapas tempranas para proteger la reserva cognitiva y el bienestar a largo plazo.

Para responder esta pregunta, el equipo al frente del estudio se planteó evaluar el efecto de la soledad en la evolución de la memoria inmediata y diferida en personas adultas mayores a partir de la información de las y los participantes del estudio longitudinal europeo SHARE (Survey of Health, Aging, and Retirement in Europe). La hipótesis del grupo de investigación se basaba en que, según estudios anteriores, a un mayor nivel de soledad percibida, peor estado de la memoria y un deterioro más rápido con el paso del tiempo.

El estudio analizó datos de las olas 5, 6 y 8 de SHARE (2012–2019), con un seguimiento de seis años. La muestra incluyó a 10.217 personas mayores de 65 a 94 años, procedentes de 12 países europeos distribuidos en cuatro regiones; se excluyó a quienes presentaban demencia o limitaciones funcionales. La memoria se evaluó mediante la prueba estandarizada de lista de diez palabras (recuerdo inmediato y diferido), y la soledad se midió en la línea de base con la escala de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) de tres ítems, que clasifica a los participantes en baja, media o alta soledad. El análisis comparó el grupo de alta soledad con el de baja o media e incorporó covariables sociodemográficas, de salud física y mental, estilo de vida y región de residencia. Para estimar el nivel inicial de memoria y su evolución anual se emplearon modelos de crecimiento longitudinal, seleccionando el modelo final según criterios de ajuste (AIC).

La soledad y otros factores moldean la trayectoria cognitiva

Con este diseño, el equipo autor evaluó si la soledad influía tanto en el nivel inicial de memoria como en su evolución a lo largo del tiempo. Entre los principales hallazgos destacó que las personas con alta soledad obtuvieron 0,24 puntos menos en memoria inmediata y 0,21 puntos menos en memoria diferida que quienes reportaron baja o media soledad, incluso tras ajustar por edad, sexo, salud, depresión, actividad física y comorbilidades. Sin embargo, la soledad no modificó la velocidad del deterioro cognitivo, con un declive anual similar entre los grupos (–0,05 a –0,08 puntos por año). Entre los factores que sí influyeron negativamente en el rendimiento inicial, destacaron la edad avanzada, la depresión, la diabetes y la hipertensión, mientras que ser mujer, tener una mejor salud percibida, realizar actividad física y participar en actividades sociales se asociaron con un mejor desempeño cognitivo.

El geriatra y director de la Fundación Salut i Envelliment de la Universidad Autónoma de Barcelona, Dr. Ramón Miralles, quien no participó en el estudio, comentó para Medscape en español que los resultados desafiaron su expectativa inicial: «Pensé que [se iba] a demostrar que la soledad era un factor de riesgo de demencia. Pues no». Añadió que esta diferencia podría deberse a la sensibilidad del test y recordó que no es lo mismo puntuar alto en soledad que vivir un aislamiento social real: «Una cosa es la percepción de soledad y otra es que la persona no salga de casa ni se relacione con nadie».

Así lo aclaró también el Dr. Venegas-Sanabria: «La soledad es una percepción subjetiva: yo puedo tener un entorno social enorme y aun así sentirme solo. El aislamiento social es distinto, es objetivo, y cuando falta la interacción constante sí puede generar cambios cerebrales que aumentan el riesgo de deterioro cognitivo». A su vez, destacó que aunque la soledad no aceleró el deterioro, sí lo hicieron la edad y, especialmente, la diabetes, un factor modificable con claro impacto vascular: «La diabetes habla de un componente vascular cerebral; cuanto mayor compromiso de vaso pequeño, mayor riesgo de deterioro cognitivo a futuro».

En cuanto a España, incluida en la región sur junto a Italia, destacó por presentar la mayor prevalencia de soledad entre las personas adultas mayores (12 %) y los niveles iniciales de memoria más bajos. Este patrón persistió incluso tras los ajustes estadísticos, lo que apunta a factores socioculturales propios del sur de Europa más allá de la salud individual o el estilo de vida.

Entre las limitaciones del estudio se encuentra que la soledad se midió únicamente en la línea base, mediante una prueba breve de memoria, y que no se tomaron en cuenta variables relevantes como el estado civil y el nivel educativo, factores que influyen en la reserva cognitiva y en la estructura de las redes sociales. Como apuntó para Medscape en español la doctora en psicología e investigadora en deterioro cognitivo y soledad de la Fundació Salut i Envelliment, Sara Domènech Pou, «las mujeres mayores con bajo nivel educativo y que viven solas presentan más soledad y depresión». Además, la valoración cognitiva del seguimiento podría haber pasado por alto deterioros cognitivos leves, como refiere el Dr. Miralles.

La soledad como indicador temprano de riesgo para la memoria

Este estudio es especialmente relevante debido a que demuestra que, aunque la soledad elevada no acelera el deterioro, sí marca un peor punto de partida, lo que convierte su detección en un indicador temprano de riesgo que las y los profesionales de la salud deberían integrar en la práctica clínica. Así lo manifiesta el Dr. Venegas-Sanabria: «Quienes tenían mayor soledad empezaban con peor memoria, aunque el deterioro avanzara igual. Es como iniciar la carrera más atrás. Y esa soledad no empieza a los 65 años: muchas personas la arrastran desde los 40 o 50. Por eso trabajar las interacciones sociales durante toda la vida es fundamental para construir reserva cognitiva».

Por su parte, Sara Domènech destacó el valor de los modelos comunitarios: «Hacer un cribaje cognitivo activo y también un cribado de la soledad no deseada nos permite orientar a las personas y hacer prescripción social desde atención primaria y servicios sociales», y subrayó la necesidad de fortalecer redes comunitarias, cribados activos y programas de interacción social como herramientas preventivas clave frente al deterioro cognitivo en poblaciones mayores. «Nos hace mucha falta preguntar por el estado de soledad de las personas mayores que acuden a consulta. La soledad puede indicar cuadros afectivos o cognitivos que no siempre se manifiestan de forma típica en la vejez», enfatizó el Dr. Venegas-Sanabria.

Este estudio aporta evidencia sólida para integrar la soledad como un componente esencial de la valoración geriátrica. En un contexto de envejecimiento acelerado y desigualdades sociales crecientes a nivel global, identificar la soledad no deseada permite detectar vulnerabilidad cognitiva antes de que aparezcan signos clínicos. La combinación de cribado de soledad, evaluación cognitiva activa y prescripción social desde atención primaria representa una oportunidad concreta para prevenir deterioro, reducir desigualdades y promover un envejecimiento más saludable y acompañado.

El estudio no recibió financiación para su realización. El Dr. Luis Carlos Venegas-Sanabria y Sara Domènech Pou, Ph. D. han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. El Dr. Ramón Miralles declaró laborar en la Fundació de Salut i Envelliment.


Fuente: https://espanol.medscape.com/viewarticle/soledad-marcar%C3%ADa-memoria-personas-mayores-no-ritmo-su-2026a1000dih

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