Los profesionales de los Servicios de Emergencias Médicas Extrahospitalarias atienden con frecuencia a pacientes que requieren un ingreso involuntario en un centro sanitario. En estas situaciones excepcionales, y de acuerdo con la legislación sanitaria vigente, puede ser necesario recurrir a medidas coercitivas cuando la persona no es competente para otorgar su consentimiento o supone un riesgo para sí misma o para terceros.
Con el objetivo de conocer mejor estas prácticas y sus implicaciones, hace dos años se puso en marcha un estudio sobre los ingresos involuntarios gestionados a través de los Servicios de Emergencias. La investigación, auspiciada por la Universidad Católica de Murcia (UCAM), cuenta con la participación de profesionales de los Servicios de Emergencias Médicas de toda España, incluyendo técnicos en emergencias sanitarias, personal de enfermería y médicos.
Según explicó a El Médico Interactivo el director del estudio, Dr. Enrique Cordero, médico y psicólogo de Emergencias, miembro activo de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, la investigación analiza la relación entre variables sociodemográficas, el empleo de medidas coercitivas durante los ingresos involuntarios y sus posibles efectos sobre la salud mental de los profesionales que intervienen.
El origen de la investigación
El Dr. Cordero desarrolla su labor profesional en el Servicio de Emergencias Sanitarias de la Comunidad Valenciana. La inquietud que dio origen al estudio surge de la necesidad de comprender mejor cómo afectan estas intervenciones tanto a los pacientes como a los profesionales que las realizan.
Las crisis suicidas constituyen una de las situaciones que con mayor frecuencia desembocan en ingresos involuntarios. En estos casos, la actuación de médicos, enfermeros/as y otros profesionales sanitarios puede influir de manera decisiva en la evolución posterior de la persona atendida. Dependiendo de cómo se gestione la situación, el desenlace puede variar desde la resolución satisfactoria de la crisis hasta consecuencias mucho más graves.
«Cuidar a personas que atraviesan una crisis exige también comprender qué ocurre emocionalmente en quienes las atienden. Debemos preguntarnos qué impacto tienen estas experiencias en los profesionales y qué carga emocional se llevan consigo después de cada intervención», señaló el Dr. Cordero.
Una realidad frecuente
El especialista destacó que estas situaciones son más habituales de lo que muchas personas imaginan. Y lo dice por experiencia propia, ya que el experto, además de su labor asistencial en una unidad de soporte avanzado, desempeña funciones de coordinación de emergencias en la provincia de Alicante.
«Durante una jornada de coordinación puedo recibir entre una y tres llamadas por hora relacionadas con personas que atraviesan crisis de salud mental. No todas son crisis suicidas, pero en muchas ocasiones es necesario valorar un ingreso involuntario para proteger la salud de la persona afectada”, reconoce.
La legislación actual permite adoptar este tipo de medidas cuando existe riesgo para la propia persona o para terceros. Sin embargo, el verdadero desafío no radica únicamente en el marco legal, sino en el impacto emocional que estas actuaciones generan.
«Lo complejo es cómo viven esta experiencia tanto el paciente como el profesional. En ocasiones es necesario contener físicamente a una persona o administrar medicación para lograr una sedación terapéutica. Son situaciones para las que emocionalmente no estamos preparados de manera natural», describió.
Consecuencias psicológicas
Una de las principales líneas de interés del estudio es analizar las repercusiones psicológicas que pueden derivarse de estas intervenciones. Se busca conocer cómo experimentan estas situaciones las personas que son trasladadas contra su voluntad y cómo las viven los profesionales que participan en el proceso. En algunos casos, la literatura científica ha descrito la aparición de síntomas compatibles con estrés postraumático tanto en pacientes como en sanitarios.
«Tradicionalmente se ha asumido que determinadas experiencias traumáticas forman parte del trabajo sanitario, del mismo modo que se acepta el estrés asociado a otras profesiones de alta exposición emocional. Sin embargo, estamos empezando a comprender que estas situaciones pueden generar secuelas psicológicas relevantes y que no deben considerarse algo normal o inevitable», subrayó el Dr. Cordero.
Apoyo profesional
El estudio, que comenzó hace dos años y cuya finalización está prevista para este mismo año, se fija como meta generar evidencia que permita diseñar estrategias de apoyo más eficaces para los profesionales de emergencias.
«Nuestro objetivo no es juzgar la actuación de los sanitarios, sino comprender qué factores influyen en estas experiencias para desarrollar programas de formación, apoyo y acompañamiento que les ayuden a afrontarlas de manera adecuada», recalcó el Dr. Cordero.
El investigador destacó como fundamental que los profesionales dispongan de herramientas para gestionar el impacto emocional derivado de la exposición continuada a situaciones críticas. De lo contrario, el desgaste acumulado puede afectar tanto a su bienestar psicológico como a la calidad de la atención prestada.
«Si los profesionales atienden a los pacientes arrastrando el trauma acumulado de experiencias previas, difícilmente podrán afrontar nuevas situaciones en las mejores condiciones. Esa es una de las claves que queremos abordar», señaló.
La necesidad de un «lavado emocional»
Actualmente no existe una estrategia claramente definida para ayudar a muchos profesionales que, tras una intervención especialmente difícil, regresan a sus hogares profundamente afectados por lo vivido.
El Dr. Cordero advirtió además que compartir de forma indiscriminada estas experiencias con familiares y allegados puede tener efectos negativos sobre quienes las escuchan. «Hoy sabemos que trasladar constantemente estas vivencias al entorno familiar también puede generar sufrimiento emocional en las personas que reciben esos relatos. Sin darnos cuenta, podemos provocar un daño colateral en quienes nos rodean».
Por ello, el experto defendió la necesidad de desarrollar procedimientos profesionales de descarga emocional y apoyo psicológico que permitan procesar adecuadamente estas experiencias. «Es necesario aprender a realizar una especie de lavado emocional profesional que ayude a liberar la tensión acumulada, mejorar el bienestar psicológico y evitar que el impacto emocional termine trasladándose al entorno familiar», concluyó.
Disclaimer: Esta información es para fines educativos y no debe sustituir el consejo profesional de un médico u otro profesional de la salud.
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