Introducción
Las limitaciones de tiempo, la falta de personal, el elevado volumen de pacientes, el exceso de papeleo, la desinformación del público, la desilusión con el sistema, los protocolos de programación de citas, los obstáculos administrativos, las restricciones de los seguros, la falta de autonomía…
La lista de factores estresantes y frustraciones en la asistencia sanitaria actual es interminable. La ira es una reacción muy extendida.
Una encuesta realizada a más de 55 000 profesionales sanitarios reveló que 40 % de los encuestados se sentía enfadado «a veces», «la mayor parte del tiempo» o «siempre». Esos sentimientos tienen consecuencias reales, ya que más de la mitad de los encuestados afirmó que el enfado, ya fuera ocasional o frecuente, les impedía pensar con claridad.
Experiencia Personal
El Dr. Jacob Royle Hopping afirma que ya no se reconoce en el cirujano que era hace una década. Sus arrebatos de ira entre sus colegas en los quirófanos y las salas de reuniones se intensificaron hasta tal punto que un socio sénior tuvo que intervenir y le dijo al Dr. Hopping que «lo dejara ya».
Lo que se pasó por alto aquel día, y en muchas ocasiones anteriores, fue la oportunidad de ver a un cirujano en apuros, escribió el Dr. Hopping sobre su experiencia en un ensayo publicado recientemente. A nivel personal, el Dr. Hopping tenía dificultades para adaptarse a un nuevo trabajo en una nueva ciudad, al tiempo que gestionaba los crecientes problemas de salud de su esposa. A nivel profesional, se sentía frustrado por los problemas administrativos que le impedían atender a sus pacientes.
«Estoy soltando palabrotas… en una reunión de departamento porque no podemos gestionar un hospital de esta manera, y lo único que consigo es que me vean como el malo», reconoció el Dr. Hopping. Sabía que su reacción era inapropiada y que no iba a resolver nada, pero le costaba controlar sus emociones.
El hecho de que la sociedad suele considerar a los médicos como «divinos» e inmunes a los conflictos emocionales complica aún más la cuestión. Los profesionales sanitarios pueden verse sumidos en una paradoja: se les exigen mayores expectativas de comportamiento interpersonal en un entorno que sigue siendo estructuralmente exasperante.
Analizando la emoción
La ira no es una patología, afirmó el Dr. Patrick Hudson, cirujano plástico certificado y jubilado que se reconvirtió en psicoterapeuta y coach médico. La ira es información.
El Dr. Hudson imparte formación y mentoría en control de la ira exclusivamente para profesionales de la medicina, trabajando con ellos para comprender las causas fundamentales de su ira y cómo gestionarla de forma eficaz. «La ira apunta hacia algo», afirma el Dr. Hudson. «La clave está en averiguar a qué apunta y aprender a gestionar la emoción».
Miembro de la National Anger Management Association, en Estados Unidos, el Dr. Hudson recuerda haber sido invitado a intervenir en la convención internacional de la organización. Le sorprendió descubrir que aquel grupo de «personas muy solidarias» no sentía mucha simpatía ni empatía por los médicos.
El Dr. Hudson sabía que no era así. «Salí de aquellas experiencias aún más convencido de que tenía que cambiar las cosas desde dentro del sistema», afirmó. Identificar los sentimientos y indagar en lo que hay detrás de ellos es algo con lo que muchos profesionales de la medicina no se sienten cómodos. Sabía que se encontraría con reticencias, sobre todo por parte de los profesionales de la medicina a los que se les exigía buscar ayuda para controlar la ira y que veían la terapia como un castigo.
Emociones Silenciosas
Cuando los profesionales de la medicina se enfadan, suele ser por lo que tienen que hacer para conseguir los recursos que necesitan, afirmó Anne Krancus, máster en Ciencias de Enfermería y enfermera registrada. Problemas que van desde los protocolos de programación de citas hasta las restricciones de las aseguradoras y la falta de autonomía impiden a muchos profesionales de la medicina ejercer su profesión de la forma que consideran mejor para el paciente.
El Dr. Hudson coincide en que detrás de la ira puede haber una emoción que a los profesionales de la medicina les resulta especialmente difícil reconocer: el duelo. «No están ejerciendo el tipo de medicina que pensaban que iban a ejercer», afirmó. «Se les está privando de su sentido y su propósito».
Afrontando la Ira
La Dra. Brinda Sarathy, residente de medicina familiar, afirmó que la ira ha sido una emoción persistente para ella desde que comenzó la residencia. Sin embargo, sostiene que la ira puede ser una emoción valiosa cuando se trata de crecer. Durante un turno especialmente difícil, se dio cuenta de que su ira significaba que tenía un claro sentido de lo que estaba bien y lo que estaba mal, y el deseo de introducir cambios positivos.
Hoy en día, la Dra. Sarathy afirma que, cuando se enfada, da un paso atrás y se pregunta qué puede hacer al respecto. A veces, la respuesta es nada. Otras veces, tomar distancia de su enfado le permite determinar dónde puede centrar su defensa de los pacientes.
Cambio Generacional
Durante mucho tiempo, la formación médica toleró un cierto arquetipo: especialistas en cirugía brillantes pero volátiles. Sin embargo, muchos profesionales de la medicina ven que las expectativas han cambiado con movimientos culturales que redefinieron las dinámicas en el quirófano.
Un Camino a Seguir
El peligro no es la presencia de la ira, sino en lo que puede convertirse. Reconocerla es un acto de poder. El camino a seguir no consiste en borrar la ira, sino en replanteársela como información que se puede gestionar.
El objetivo no es crear profesionales de la medicina desprovistos de emociones, sino reforzar su capacidad para sentir profundamente, responder con consideración y apoyar a sus pacientes y a sí mismos en un sistema que, a menudo, exige más de lo que ofrece.
Los expertos citados en este artículo no tenían ningún conflicto de intereses relevante.
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