Desafíos para mejorar la formación y el acceso equitativo de profesionales de la medicina a residencias médicas

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Durante la última década, en México aumentó de manera sostenida el número de plazas de residencias médicas disponibles en respuesta a la creciente demanda de formación de estos recursos humanos. Si bien esta expansión cuantitativa es encomiable, aún persisten grandes disparidades en la calidad educativa, un acceso desigual de las y los egresados procedentes de diversas regiones e instituciones del país, así como la falta de un proceso sistemático para vincular a las y los aspirantes con los respectivos programas de formación.

De no atenderse oportunamente, estos desafíos cualitativos pueden poner en riesgo la eficacia y la equidad a largo plazo del sistema de residencias médicas en México, de acuerdo con un artículo de opinión publicado recientemente en The Lancet Regional Health Americas, en el cual se enfatiza la transformación que ha tenido durante dicho periodo el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM), que es administrado por la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud (CIFRHS) de las secretarías federales de Salud y Educación.

Dr. Mauricio González Urquijo
Dr. Mauricio González Urquijo

«El desempeño en el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas está estrechamente vinculado con la calidad, la acreditación y la ubicación geográfica de las escuelas de medicina, ya que las y los candidatos de instituciones privadas y del noroeste del país a menudo superan los resultados de las escuelas públicas o del sur, lo que pone de relieve las disparidades persistentes en la educación médica y el acceso a la formación de posgrado», describió en su artículo académico el Dr. Mauricio González Urquijo, cirujano vascular y doctorado en Ciencias Clínicas.

«Al mismo tiempo ─ahondó en su texto el Dr. González Urquijo, también profesor e investigador de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey─, el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas ha funcionado durante mucho tiempo no solo como un examen de ingreso, sino también como un indicador informal de la calidad de las escuelas de medicina, en tanto que la admisión a la residencia sigue concentrada en los principales hospitales universitarios urbanos, lo que deja a las regiones rurales y marginadas con una escasez crónica de especialistas».

El investigador, quien ahora cursa una alta especialidad en cirugía de aorta en la Universidad de McGill, en Montreal, Canadá, compartió a Medscape en español que la inquietud por llevar a cabo este análisis surgió al observar que el crecimiento histórico en el número de plazas de residencia en los últimos años en México ─que considera una noticia positiva─ por sí solo no necesariamente resuelve los problemas estructurales de la formación médica.

«La idea del artículo fue abrir la discusión sobre cuál debería ser el siguiente paso: no solo aumentar la cantidad de plazas, sino asegurar que esa expansión esté acompañada de mecanismos sólidos de supervisión, calidad educativa y una mejor alineación entre los intereses de los aspirantes y los programas de residencia», agregó el Dr. González Urquijo.

En su texto, el especialista planteó que el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas, anteriormente un examen muy competitivo y con plazas limitadas, se ha convertido en un instrumento central de la política de salud pública y de la reforma de la educación médica. Asimismo, subrayó el crecimiento registrado en el número de plazas disponibles, que pasó de 3.378 en 2001 a 7.805 en 2016, y en 2025 se ofertaron 18.895 en total, para las cuales compitieron 50.635 aspirantes (es decir, en este último año, la oferta cubrió 37,4 % de la demanda).

Fortalecer las políticas públicas y mejorar la regulación, aspectos clave

Dr. Javier Santacruz Varela
Dr. Javier Santacruz Varela

Al respecto, el Dr. Javier Santacruz Varela, médico especialista en medicina familiar, epidemiología y gestión de sistemas de salud con doctorado en Alta Dirección, reconoció que en México existen grandes desigualdades e inequidad relacionadas con la formación y disponibilidad de médicos de diferentes especialidades debido principalmente a un problema estructural de origen: la segmentación del sistema nacional de salud.

El especialista, quien ha participado en numerosas investigaciones sobre calidad y formación de médicos en las universidades del país, considera que para mejorar estos aspectos es indispensable fortalecer las políticas públicas, mejorar la regulación y la coordinación entre las secretarías de Salud y Educación, así como elevar la inversión económica estatal en esta materia.

En un estudio transversal y cuantitativo para conocer las características de la educación médica en 29 escuelas de medicina (14 públicas y 15 privadas, en 20 entidades del país), el Dr. Santacruz Varela y sus colaboradores encontraron que aun cuando la mayoría de ellas reconoce que existe una política nacional de recursos humanos en salud, 53 % advierte que esta no es suficientemente explícita para guiar la formación de médicos, por lo que estos se forman bajo los criterios particulares de cada escuela.

«Esta situación ─según se refiere en su publicación─ puede tener relación con el vacío que existe en México para definir políticas nacionales de recursos humanos en salud y con el hecho de que no hay una instancia que se ocupe de las políticas para la formación médica. Si bien existe una Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud, esta carece de atribución legal para emitir políticas públicas vinculantes y solo puede formular recomendaciones».

«Nuestro problema como país es que no hay una planificación conjunta entre las secretarías de Educación y de Salud. Existe la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos en Salud, pero aún nos falta efectuar algo básico, que es el diagnóstico situacional de los médicos y otros profesionales de la salud en México, el cual debe incluir una descripción detallada de este tipo de información», comentó el Dr. Santacruz a Medscape en español.

Sobre este punto ─abundó el Dr. Santacruz─ existen indicadores y estimaciones que dan cuenta del número aproximado de médicos que hay en el país y de su proporción respecto a la población general (alrededor de 2,5 por cada 1.000 habitantes), pero sería necesario conocer en forma precisa y con datos desagregados cuántos laboran en el sector público y privado, por institución de salud, por entidad federativa, por tipo de pacientes que atienden (asegurados y no asegurados) y por tipo de región (rural o urbana), para así poder planificar y atender más eficazmente las desigualdades que enfrentan estos profesionales.

El Dr. González Urquijo coincidió con esta idea al reconocer que una cifra global de médicos o especialistas dice poco si no se conoce la forma en que están distribuidos. «Efectivamente, para planificar adecuadamente su formación, resulta fundamental conocer cuántos médicos trabajan en el sector público o privado, en qué regiones del país, en qué niveles de atención y qué tipo de población atienden», señaló.

«Esa información desagregada nos permitiría tomar decisiones mucho más precisas sobre dónde abrir nuevas plazas de residencia, qué especialidades fortalecer y qué hospitales tienen realmente la capacidad docente para formar especialistas», añadió el Dr. González Urquijo. «No se trata solo de graduar más médicos, sino de formar a los adecuados, en los lugares adecuados y para las necesidades reales de la población».

Es indispensable un cambio de paradigmas en la asignación de plazas

En su análisis, el Dr. González Urquijo destacó los cambios recientes operados en el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas: el de 2024, que permitió a las y los candidatos seleccionar sus especialidades preferidas con antelación y en el cual su asignación de residencia se determinaba solo por su puntuación en dicho examen, y el de 2025, que hizo posible a las y los solicitantes ajustar tanto el orden de las especialidades elegidas como seleccionar su asignación de residencia después de recibir los resultados.

Considera que «aun cuando estos cambios aumentan la flexibilidad y reducen las desigualdades, todavía no logran garantizar una alineación óptima entre los perfiles de las y los candidatos y las necesidades del programa». Para encaminarse hacia este objetivo, el especialista planteó que un sistema realmente equilibrado debería incorporar preferencias mutuas, como se hace con los modelos centralizados que se aplican en Canadá (Canadian Resident Matching Service) y Estados Unidos (National Resident Matching Program).

En dichos modelos, según explicó a Medscape en español, las y los aspirantes solicitan su admisión a diferentes programas y estos, a su vez, los evalúan. «Posteriormente, tanto las y los aspirantes como los programas elaboran listas confidenciales de opciones y un algoritmo asigna las plazas considerando las preferencias de ambas partes».

El Dr. González Urquijo aclaró que no se trata de copiar esos modelos vigentes en los países de Norteamérica, sino de integrar algunas de sus mejores prácticas, con evaluaciones más amplias del perfil del aspirante y mayor participación de las instituciones formadoras en el proceso de selección, como ocurría antes.

El especialista agregó que, gracias a su estancia actual en Canadá, ha podido atestiguar directamente cómo funciona el sistema de matching en aquel país: «Algo que resulta particularmente interesante es que la evaluación no depende únicamente de un examen. También se consideran entrevistas personales con los aspirantes, su experiencia clínica, antecedentes de investigación, cartas de recomendación y la afinidad del candidato con el perfil del programa».

Este proceso de selección ─ahondó─ suele ser altamente participativo, pues en muchos programas los propios residentes tienen voz durante el proceso de entrevistas y evaluación de candidatos, aspecto que considera muy valioso dado que «finalmente serán ellos quienes trabajarán de manera cercana con los nuevos residentes durante varios años». Esto, precisó, «permite valorar no solamente las competencias académicas, sino también aspectos como el trabajo en equipo, la comunicación y la compatibilidad con la dinámica del programa».

Aunado a estos cambios, el Dr. González Urquijo considera necesario fortalecer los mecanismos de acreditación y supervisión de las sedes formadoras, de modo que la expansión de plazas médicas vaya aparejada con estándares sobre infraestructura, supervisión clínica, acceso a casos complejos y desarrollo docente. Otro aspecto que considera clave es transformar gran parte de los hospitales formadores de especialistas en centros donde la formación de residentes se desarrolle en un entorno académico sólido.

«También sería importante avanzar hacia sistemas de evaluación continua durante la residencia, basados en competencias y no únicamente en exámenes de ingreso. Muchos programas ya han incorporado este tipo de evaluaciones, pero sería deseable que este enfoque se adopte de manera más uniforme. Esto permitiría asegurar que las y los residentes no solo accedan a las plazas, sino que realmente desarrollen las habilidades clínicas, académicas y profesionales necesarias durante su entrenamiento», concluyó el Dr. González Urquijo.

El Dr. Mauricio González Urquijo, Ph. D., y el Dr. Javier Santacruz Varela, Ph. D., han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. 

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