De acuerdo con los resultados de un estudio publicado en la revista Nature, las tendencias mundiales de la obesidad irían en desaceleración: el aumento de casos se ha ralentizado, se ha estabilizado e incluso se ha revertido en muchos países. Este trabajo de alcance global fue liderado por científicos del Imperial College de Londres, por medio de la NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC) y contó con la participación de más de 1.900 investigadores en todo el mundo, entre ellos, científicos de la Universidad de Granada, quienes aportaron datos sobre niños de España que formaban parte del estudio PREFIT (Assessing FITness in PRE-schoolers).
Desde hace aproximadamente tres décadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la obesidad una epidemia debido a su crecimiento acelerado y a que constituye un factor de riesgo de enfermedades crónicas, respiratorias, trastornos y algunos tipos de cáncer, entre otras. Sin embargo, esta publicación presenta un nuevo análisis del patrón de obesidad a nivel mundial y establece que el comportamiento no sigue una trayectoria lineal en todas las naciones, por el contrario, hay heterogeneidad en su camino, vinculada, en la mayoría de los casos, al nivel de ingresos de cada país. Dicho análisis resulta trascendental para la elaboración de políticas integrales de prevención, investigación y tratamiento acordes con la realidad de cada país.
En este estudio, el equipo de investigación se planteó realizar un análisis dinámico y cuantitativo que revelara cómo evoluciona la obesidad en los distintos países; es decir, caracterizar su trayectoria, no solo su magnitud, además de introducir la velocidad como variable que permitiría evidenciar si se observaba aceleración, desaceleración, estancamiento o reversión. Como explica a Medscape en español Cristina Cadenas Sánchez, investigadora del equipo PREFIT de la Universidad de Granada, «es muy importante saber a qué ritmo vamos creciendo o disminuyendo, porque no solo importa cuánta obesidad hay, sino también si esa velocidad de crecimiento se está reduciendo».
La obesidad no presenta una tendencia homogénea
Lo sorprendente de los hallazgos fue que el aumento de las tasas de obesidad se ha ralentizado o estabilizado en la mayoría de los países de altos ingresos; no obstante, la aceleración continúa en países con ingresos bajos y medios, lo que refleja una tendencia global heterogénea y deja atrás la concepción de una epidemia global única y homogénea.
En su gran mayoría, las regiones con propensión a la desaceleración son las de altos ingresos. En países de Europa occidental, Japón y otros, el decrecimiento comenzó a inicios de los años 90; ya hacia mediados de los 2000, la prevalencia de la obesidad se estabilizó y, en algunos países, disminuyó, como en Italia, Portugal y Francia, en el caso de los adultos, y, para los menores, ocurrió una década después.
En cambio, la prevalencia de esta enfermedad sigue aumentando tanto en niñas y niños como en adultos en países de ingresos bajos y medios. De hecho, durante el 2024, la velocidad de aumento fue la más alta registrada desde 1980 para las niñas en 110 y para los niños en 91 de 200 países. Este crecimiento constante o acelerado ocurrió tanto en países del África oriental y del sur de Asia, donde la prevalencia aún es baja, como en algunas islas del Caribe y del Pacífico, donde ya ha aumentado a niveles más altos.
Es importante destacar, a su vez, que existe un fenotipo de estados con endemicidad y prevalencia muy distintas, lo que demostraría que países con economías similares pueden tener trayectorias diferentes. Aunque la velocidad de aumento de la obesidad se ha estabilizado en varios países, las diferencias en prevalencia siguen siendo marcadas: Europa Occidental alcanza la meseta con niveles relativamente bajos (11 % a 23 % en adultos), mientras que los países anglófonos lo hacen en rangos mucho más altos (25 % a 43 %). Además, en regiones con aumento acelerado, la prevalencia varía desde cifras muy bajas, mostrando que el estancamiento no implica homogeneidad epidemiológica.
El caso de España se considera exitoso debido a que, junto con Italia, para ambos sexos, la velocidad de crecimiento de la curva era negativa, es decir, la obesidad estaba disminuyendo, con una probabilidad posterior >0,80; las velocidades negativas tenían magnitudes menores a 0,5 puntos porcentuales por año, lo que la posiciona dentro de los países de alto ingreso con esa tendencia. Sin embargo, estos hallazgos no deben generar una sensación de tranquilidad y confianza, como refiere Cristina Cadenas: «Tenemos una perspectiva optimista: no estamos creciendo igual de fuerte que antes, y eso es positivo, pero no podemos relajarnos… porque continuamos con prevalencias muy altas».
En cuanto a las limitaciones del estudio, el equipo autoral señaló que algunos países contaban con menos datos e incluso algunos con ninguno, por lo que en esos casos sus estimaciones se informaron mediante la extensión de datos de otros países, lo que generó errores relativamente pequeños. A su vez, refieren que en algunas regiones la disponibilidad de datos entre la primera y la segunda década difería, ya que regularmente en la segunda había más.
El presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), Dr. Diego Bellido, indicó en su análisis que este estudio puede inducir a error si no se tienen en cuenta las diferencias estructurales. A su juicio, los datos deben interpretarse con prudencia, ya que la prevalencia sigue siendo muy elevada. Bajo esta mirada, Cadenas coincidió: «Este estudio se centra exclusivamente en la obesidad; si incorporáramos el sobrepeso, la magnitud del problema aumentaría de forma sustancial, recordándonos que la carga real de exceso de peso en la población es mucho mayor de lo que reflejan estas cifras».
El Dr. Bellido, a su vez, compartió con Medscape en español: «Aunque se observa una desaceleración de la obesidad en los grupos con mayor nivel socioeconómico, en los colectivos menos favorecidos la tendencia sigue en aumento. La falta de acceso equitativo a tratamientos farmacológicos y a una alimentación saludable amplifica estas diferencias, lo que evidencia que el análisis global oculta desigualdades profundas que deben considerarse al interpretar los datos poblacionales».
También es interesante cómo se hace una leve referencia a los nuevos fármacos para la obesidad, que son muy eficaces a nivel individual, pero su impacto en la población es limitado debido a su baja cobertura; sin embargo, es posible que su predominio aumente en los próximos años.
La falta de homogeneidad en la obesidad descrita en el estudio les recuerda a las y los profesionales de la salud que esta enfermedad no responde a un único factor global, sino a la interacción dinámica entre múltiples determinantes sociales, culturales, económicos y ambientales que modulan aquello que la propicia. Al mismo tiempo, es importante subrayar que este análisis se centra exclusivamente en la obesidad y no incluye otras condiciones antropométricas, como el sobrepeso, que también representan un riesgo significativo para la población y requieren atención clínica y de salud pública.
Ninguno de los entrevistados declara tener conflicto de interés.
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