Un alto consumo de carne podría tener un efecto neuroprotector contra el deterioro cognitivo y la demencia, especialmente en adultos mayores portadores del alelo épsilon 4 de la apolipoproteína E (APOE), una variante genética asociada con un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer (EA).
En un estudio de cohorte poblacional con más de 2.000 adultos, las personas con riesgo genético de padecer la enfermedad de Alzheimer (EA) en el quintil más alto de consumo de carne presentaron resultados cognitivos significativamente mejores y una menor incidencia de demencia que aquellas con un menor consumo, lo que corresponde a una reducción del 55% en el riesgo de demencia.
En contraste, las personas sin el alelo APOE4 —aquellas que no poseen el alelo vinculado a un mayor riesgo de EA— no mostraron una asociación significativa entre el consumo de carne y los resultados cognitivos. Sin embargo, en todos los genotipos de APOE, una mayor proporción de carne procesada en relación con el consumo total de carne se asoció con un mayor riesgo de demencia.
“Existe una falta de investigación sobre la relación entre la dieta y la salud cerebral, y nuestros hallazgos sugieren que las recomendaciones dietéticas convencionales pueden ser desfavorables para un subgrupo de la población definido genéticamente. Para quienes saben que pertenecen a este grupo de riesgo genético, los hallazgos ofrecen esperanza; el riesgo puede modificarse mediante cambios en el estilo de vida”, declaró en un comunicado el investigador principal, el Dr. Jakob Norgren, Ph. D., del Department of Neurobiology, Care Sciences and Society, Karolinska Institutet en Huddinge, Suecia.
El estudio se publicó en versión electrónica el 19 de marzo en JAMA Network Open.
¿Una respuesta diferente a la dieta?
El alelo APOE épsilon 4, el factor de riesgo genético común más importante para la enfermedad de Alzheimer, se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Se cree que el alelo APOE épsilon 4, un alelo ancestral, surgió en poblaciones con dietas más ricas en carne, en una época en la que los humanos dependían en gran medida de alimentos de origen animal para su supervivencia. Partiendo de este contexto evolutivo, los investigadores plantearon la hipótesis de que los portadores del alelo APOE4 podrían responder de manera diferente a los patrones dietéticos modernos, y que un mayor consumo de carne podría conferirles beneficios cognitivos.
Para el estudio, los investigadores analizaron a 2157 adultos residentes en la comunidad (edad promedio: 71,2 años; 62% mujeres) del estudio Swedish National Study on Aging and Care-Kungsholmen. Los participantes no presentaban demencia al inicio del estudio y fueron seguidos por hasta 15 años. La cohorte era mayoritariamente de ascendencia nordeuropea, aunque no se informaron datos detallados sobre raza y etnia.
La dieta se evaluó mediante cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos autoinformados, estandarizados a una ingesta de 2000 kcal/día, y los participantes se clasificaron en quintiles. El grupo con mayor ingesta consumió una mediana de aproximadamente 869 g/semana de carne, en comparación con 247 g/semana en el grupo con menor ingesta.
La función cognitiva se evaluó longitudinalmente mediante pruebas estandarizadas repetidas durante el período de estudio. Los análisis se ajustaron por edad, sexo, nivel educativo y factores de estilo de vida.
Consumo de carne y cognición
Un total de 1680 participantes contaban con datos cognitivos longitudinales, incluyendo 569 con genotipos APOE épsilon 3/épsilon 4 o épsilon 4/épsilon 4. Durante el seguimiento, 296 participantes desarrollaron demencia y 690 fallecieron sin padecerla.
Entre los participantes con genotipos APOE épsilon 3/épsilon 4 o épsilon 4/épsilon 4, un mayor consumo de carne se asoció con resultados cognitivos significativamente mejores. En comparación con el grupo de menor consumo, aquellos en el grupo de mayor consumo mostraron trayectorias cognitivas mejoradas (beta = 0,32; IC del 95%, 0,07-0,56; p = 0,01).
En el mismo subgrupo genético, un mayor consumo de carne se asoció con un menor riesgo de demencia. Con niveles de ingesta más bajos, los portadores de los genotipos APOE épsilon 3/épsilon 4 y épsilon 4/épsilon 4 presentaban más del doble de riesgo de demencia en comparación con las personas que no eran portadoras.
También se observó una interacción significativa entre la ingesta de carne y el genotipo APOE para los resultados cognitivos (p de interacción = 0,004), lo que indicaba que el efecto de la dieta variaba según el riesgo genético.
“El exceso de riesgo esperado entre los participantes con genotipos APOE épsilon 3/épsilon 4 y épsilon 4/épsilon 4 no se observó en el quintil más alto de consumo de carne en cuanto a la cognición global, la memoria episódica (una característica distintiva de la patología de Alzheimer) y los resultados de demencia”, escribieron los investigadores.
“Dado que estos genotipos representan aproximadamente el 70% de los casos de demencia por Alzheimer en el norte de Europa y Norteamérica, el número absoluto de casos potencialmente prevenibles es considerable”, añadieron.
¿Hacia una nutrición de precisión?
El tipo de carne consumida también influyó en los resultados. Un mayor consumo de carne procesada se asoció con peores resultados cognitivos y un mayor riesgo de demencia, independientemente del genotipo, con un Hazard ratio de subdistribución de 1,14 (IC del 95%, 1,01-1,29; p = 0,04).
Al examinar tipos específicos de carne, un mayor consumo de carne roja sin procesar se asoció con un menor riesgo de demencia en toda la cohorte, mientras que no se observó dicha asociación con la carne procesada.
No hubo diferencias sustanciales entre la carne roja sin procesar y las aves. Tras excluir a los participantes con posible deterioro cognitivo basal, la asociación protectora de la carne sin procesar se fortaleció y se extendió al consumo total de carne.
En los análisis post hoc, un mayor consumo de carne sin procesar también se asoció con una menor mortalidad por todas las causas, pero solo entre los individuos con genotipos APOE ε3/ε4 o ε4/ε4. Esto reduce la probabilidad de sesgo de supervivencia, ya que un mayor consumo de carne en este grupo se asoció tanto con un menor riesgo de demencia como con una mayor supervivencia.
Los investigadores señalaron que el estudio presenta varias limitaciones, entre ellas su diseño observacional, la dependencia de datos dietéticos autoinformados y la limitada generalización de los resultados debido a que la población estudiada fue predominantemente del norte de Europa. También destacaron la posible presencia de factores de confusión residuales y la imposibilidad de inferir causalidad.
Enfatizaron la necesidad de realizar ensayos clínicos para determinar si las recomendaciones dietéticas adaptadas al genotipo APOE pueden mejorar los resultados cognitivos.
“Los resultados refuerzan la urgencia de invertir en investigación sobre nutrición de precisión centrada en el gen APOE, lo que podría, en última instancia, orientar el desarrollo de futuras políticas”, concluyeron los investigadores.
Los investigadores indicaron que los hallazgos sugieren que los efectos cognitivos de la dieta pueden variar según el genotipo APOE, lo que plantea la posibilidad de que las recomendaciones dietéticas para la prevención de la demencia puedan ajustarse en función del riesgo genético.
Disclaimer: La información contenida en este artículo es solo para fines informativos y no debe considerarse en lugar del asesoramiento médico profesional. Siempre consulte a un médico u otro proveedor de salud calificado con cualquier pregunta que pueda tener sobre una condición médica.
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