23/10/2025
La sensibilidad al gluten sigue teniendo un diagnóstico de exclusión, debido a la ausencia de marcadores, por lo que requiere una evaluación sistemática y minuciosa. Los enfoques de manejo deben equilibrar la modificación dietética con el reconocimiento de los factores psicológicos, garantizando al mismo tiempo una nutrición adecuada.
El gluten o conjunto de proteinas que se encuentra en múltiples cereales, como el trigo, el centeno y la cebada, causa sensibilidad y afectación a, aproximadamente, al 15% de la población mundial. Las personas con sensibilidad al gluten no celíaco (SGNC) experimentan síntomas después de consumirlo, aunque no padecen enfermedad celíaca, patología autoinmune desencadenada por el gluten. Los síntomas comunes incluyen hinchazón, dolor intestinal y fatiga.
No obstante, el diagnóstico definitivo de SGNC sigue siendo difícil de alcanzar debido a la ausencia de biomarcadores, la importante superposición con trastornos de la interacción intestino-cerebro y las dificultades metodológicas en la evaluación dietética. Por tanto, sigue siendo un diagnóstico de exclusión, que requiere una evaluación sistemática y minuciosa.
Para arrojar luz sobre este trastorno, investigadores de la Universidad de Melbourne (Australia) han llevado a cabo un estudio pionero que sugiere que la sensibilidad que experimentan los afectados no tendría que ver, en realidad, con el propio gluten, sino la forma en la que interactúan el intestino y el cerebro al respecto, tal como exponen en el trabajo publicado en ‘The Lancet’.
«Nuestros hallazgos muestran que los síntomas son desencadenados con mayor frecuencia por los carbohidratos fermentables, comúnmente conocidos como FODMAP, por otros componentes del trigo o por las expectativas de las personas y sus experiencias previas con los alimentos», según manifestó Jessica Biesiekierski, profesora asociada de la Universidad de Melbourne.
A su juicio, esto sugiere que la forma en que las personas anticipan e interpretan las sensaciones intestinales puede influir considerablemente en sus síntomas.
De ahí, según inciden estos expertos, de la necesidad de una atención eficaz para las personas con este trastorno, que debe combinar modificaciones dietéticas con apoyo psicológico, asegurando al mismo tiempo la adecuación nutricional.
Mejorar nuestra comprensión científica y clínica de una afección que afecta hasta al 15 % de la población mundial es fundamental, afirmó la Prof. Biesiekierski. En la misma línea, el Prof. Jason Tye-Din, director del Centro Snow para la Salud Inmunológica y gastroenterólogo del Royal Melbourne Hospital, apuntó que «distinguir la SGNC de otras enfermedades intestinales relacionadas es fundamental para que los médicos puedan ofrecer un diagnóstico preciso y una atención individualizada, además de tratar los factores subyacentes».
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