23/10/2025
Al demostrar cómo el ARN construye activamente ‘centros de energía cancerosa’ e idear la forma de desmantelar su estructura, científicos norteamericanos han encontrado tanto una debilidad como una posible nueva vía para tratar ciertos tipos de cáncer.
Dentro de las células cancerosas se aprecian ‘centros de trabajo colaborativo’ que potencian el tumor. «El ARN en sí no es solo un mensajero pasivo, sino un actor activo que ayuda a construir estos condensados», según Yun Huang, profesor del Instituto de Biociencias y Tecnología de Texas A&M Health y autor principal de un trabajo científico, publicado en ‘Nature Communications’, en el que se demuestra cómo el ácido ribonucléico (ARN) participa activamente en la construcción de ‘estos centros’
Según se expone, el ARN es utilizado como andamiaje estructural. A diferencia de su función tradicional como mensajeros pasivos, es ‘secuestrado’ para formar «centros de gotitas» de aspecto líquido en el núcleo, conocidas como condensados, que agrupan moléculas clave. Estas gotitas se convierten en centros transcripcionales: puntos calientes que activan genes que promueven el cáncer.
Los investigadores también descubrieron que una proteína de unión al ARN llamada PSPC1 actúa como estabilizador, reforzando las gotas y convirtiéndolas en motores aún más poderosos para el crecimiento del tumor.
Todo este entramado lo estudiaron ante un carcinoma de células renales por translocación (CCRt), que afecta a niños y adultos jóvenes y actualmente carece prácticamente de terapias eficaces. Está causado por oncofusiones TFE3: genes híbridos que se forman cuando los cromosomas se intercambian y se fusionan en lugares incorrectos.
Desentrañar ‘proceso oculto’
Para desentrañar este proceso oculto, el equipo se apoyó en algunas de las herramientas más avanzadas actuales en biología molecular: Edición genética CRISPR para «etiquetar» proteínas de fusión en células cancerosas derivadas de pacientes, lo que les permite rastrear exactamente dónde van estas proteínas; SLAM-seq , un método de secuenciación de próxima generación que mide el ARN recién creado y muestra qué genes se activan o desactivan a medida que se forman las gotas; y CUT&Tag y RIP-seq para mapear dónde las proteínas de fusión se unen al ADN y al ARN, revelando sus objetivos precisos.
Asimismo, emplearon la proteómica para catalogar las proteínas absorbidas por las gotitas, identificando a PSPC1 como un socio clave. Al combinar estas técnicas, los investigadores construyeron la imagen más clara hasta el momento de cómo las oncofusiones TFE3 secuestran el ARN para construir los ‘centros de crecimiento del cáncer’.
«Al mapear cómo estas proteínas de fusión interactúan con el ARN y otros socios celulares, no solo estamos explicando por qué este cáncer es tan agresivo, sino que también revelamos puntos débiles que pueden explotarse terapéuticamente», indicó Lei Guo, profesor asistente de investigación en el Instituto de Biociencias y Tecnología.
Dado que muchos cánceres pediátricos también son impulsados por proteínas de fusión, las implicaciones van mucho más allá del carcinoma de células renales transcripcionales. Una herramienta capaz de disolver estos condensados podría representar una estrategia general para cortar el mecanismo de acción del cáncer desde su origen, concluyen los científicos.
- Actividades exclusivas para profesionales de la salud (advisory boards, cobertura de congresos, webinars)
- Guardá los artículos que te sirven para ver más tarde
- Recibí cada semana lo más relevante de tu especialidad






