La fotobiomodulación, también denominada terapia con láser o con luz de baja intensidad, consiste en la aplicación de luz roja o cercana al infrarrojo sobre los tejidos. Las posibles aplicaciones de este procedimiento se han incrementado progresivamente en los últimos años. Datos recientes respaldan su uso, en particular para el tratamiento del dolor crónico y de los efectos tóxicos asociados a las terapias oncológicas.
Una acción biológica multimodal
La citocromo c oxidasa (COX) mitocondrial constituye el principal fotorreceptor endógeno involucrado en la fotobiomodulación. Esta enzima absorbe de forma preferente los fotones de luz roja y cercana al infrarrojo, lo que estimula el metabolismo celular aeróbico y favorece la producción mitocondrial de adenosina trifosfato (ATP), especies reactivas de oxígeno (ROS) y óxido nítrico (NO).
El conjunto de estos efectos contribuiría a reducir la inflamación, modular las vías nociceptivas y favorecer la reparación tisular.
Dolor crónico y neuropático: resultados alentadores
Una revisión sistemática analizó ensayos clínicos aleatorizados que evaluaron la fotobiomodulación en personas adultas con dolor crónico.
Un estudio que evaluó el efecto de la fotobiomodulación vascular en pacientes con cefalea tensional, dolor orofacial o ambos, persistentes durante más de tres meses después de una infección por SARS-CoV-2, reveló una reducción significativa de las puntuaciones de dolor en comparación con placebo (n = 40).
Otro estudio mostró una marcada disminución del número de puntos dolorosos en pacientes con fibromialgia al término de tres semanas de tratamiento y cuatro semanas después de su finalización, lo que puso de manifiesto la superioridad de la fotobiomodulación frente a placebo (n = 90).
Además, el tratamiento mediante fotobiomodulación de 44 pacientes con neuropatía periférica inducida por quimioterapia reveló tasas de respuesta sostenida —definida como la desaparición de los síntomas o una mejoría clínicamente significativa— sustancialmente superiores al umbral predefinido de 5 % a las seis y doce semanas (45 % y 48 %, respectivamente).
Por último, en el dolor neuropático asociado a diabetes de tipo 2, se observó una mejora significativa de la sintomatología neuropática en 58 pacientes tratados con fotobiomodulación, con una reducción de la puntuación del dolor de entre 4,7 y 5,5 puntos, según el tipo de irradiación utilizada (diodo emisor de luz [LED] rojo, infrarrojo o una combinación de ambas longitudes de onda).
En cuanto a la funcionalidad y la calidad de vida, el estudio realizado en pacientes con dolor crónico luego de una infección por COVID-19 informó beneficios significativos en la marcha, las actividades laborales, el sueño y el bienestar general.
Respecto de la tolerabilidad, la fotobiomodulación presentó un perfil de seguridad muy favorable, ya que no se notificaron efectos adversos en casi ningún ensayo.
Los protocolos variaron considerablemente entre los estudios en parámetros como:
- Longitud de onda: entre 660 y 905 nm.
- Dosis administrada: desde aplicaciones localizadas a baja dosis, de alrededor de 4 J/cm², hasta protocolos más intensivos que superaban los 100 J/cm².
- Frecuencia y duración: 2 o 3 sesiones semanales durante períodos de entre algunos días y 12 semanas.
En oncología: una estrategia que consolida su lugar en los cuidados de soporte
En oncología, la fotobiomodulación se estudia principalmente como tratamiento de soporte para prevenir o atenuar ciertas toxicidades asociadas a las terapias.
Un metanálisis realizado en pacientes con cáncer de cabeza y cuello mostró que la fotobiomodulación redujo sustancialmente el riesgo de mucositis oral grave (11 ensayos aleatorizados, 707 pacientes) y dolor oral grave (3 ensayos aleatorizados, 250 pacientes) en comparación con los grupos de control, con reducciones relativas del riesgo de 54 % (riesgo relativo [RR] 0,46 [0,29–0,71]) y de 65 % (RR 0,35 [0,23–0,53]), respectivamente.
Estos resultados están en consonancia con las recomendaciones de la Multinational Association of Supportive Care in Cancer (MASCC) y de la International Society of Oral Oncology (ISOO), ambas con base en Ontario, Canadá, que ya reconocen la fotobiomodulación como una opción para prevenir la mucositis oral en un grupo de pacientes que reciben radioterapia, con o sin quimioterapia.
Más allá de la mucositis oral, diversos estudios han comunicado resultados alentadores en cuanto a otras complicaciones relacionadas con los tratamientos oncológicos, en particular dermatitis por radiación, linfedema luego de cáncer de mama, neuropatía periférica inducida por quimioterapia o incluso ciertas lesiones gastrointestinales provocadas por radiación.
Una técnica con potencial, aunque aún en desarrollo
En la actualidad, la fotobiomodulación se perfila como una intervención no invasiva, bien tolerada y asociada a resultados alentadores como complemento de las estrategias terapéuticas convencionales.
No obstante, la heterogeneidad de los protocolos (en particular, la falta de estandarización de los parámetros de irradiación, los criterios de valoración y la duración del seguimiento en los estudios realizados hasta la fecha) justifica continuar investigando antes de incorporar este procedimiento de manera más amplia a las recomendaciones clínicas.
Nota de descargo: La información presentada en este artículo no sustituye el consejo médico profesional. Siempre consulte a su médico o a otro proveedor de salud calificado con cualquier pregunta que tenga sobre una condición médica.
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