Introducción
Durante casi 30 años, los medios de comunicación y muchos profesionales de la medicina promovieron la creencia, impulsada por la paradoja francesa y estudios observacionales sesgados, de que una o dos bebidas al día podían ser beneficiosas para muchos adultos.
Ahora, una investigación mejor diseñada ha revelado la verdad: incluso una bebida al día puede aumentar el riesgo de cáncer, problemas cardiovasculares, enfermedad hepática y muerte prematura. El Estudio sobre Ingesta de Alcohol y Salud, encargado por el gobierno de Estados Unidos y publicado en junio, encontró que un nivel de consumo que antes se consideraba potencialmente protector —una copa de vino tinto con amigos, una cerveza en una noche de verano, un cóctel en el brunch— no tiene ningún beneficio significativo para la salud.
Desafío para los profesionales de la salud
El estudio se suma a un creciente conjunto de investigaciones que plantea a profesionales de la salud un desafío: cómo explicar a los pacientes, incluso a los que beben poco, que los estudios anteriores eran defectuosos y que la opción más saludable es no beber.
«La ciencia está evolucionando ante nuestros ojos. Eso puede ser profundamente desconcertante, pero es una oportunidad para involucrar a nuestros pacientes en la conversación», dijo la Dra. Noelle LoConte, oncóloga y profesora asociada en la Escuela de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin en Madison, Estados Unidos, y autora principal de la declaración más reciente de la American Society of Clinical Oncology sobre el alcohol y el cáncer.
Importancia de la comunicación
Escuchar el mensaje de un profesional de la medicina marca la diferencia. Un estudio de 2021 con 4.549 adultos estadounidenses encontró que solo 44% recordaba que un profesional les había hablado sobre los daños del alcohol en el último año, y solo 35% creía que existía un vínculo entre el consumo de alcohol y el riesgo de cáncer. Esa cifra aumentó a 52% cuando su profesional de la medicina lo discutió explícitamente. El silencio es arriesgado: los pacientes de cardiología que creían que el alcohol era bueno para el corazón tenían 67% más de probabilidad de consumir alcohol en exceso.
«Sabemos que las recomendaciones de profesionales de la medicina sobre el alcohol son extremadamente impactantes», señaló la Dra. LoConte. «Deberíamos hablar con los pacientes sobre el alcohol al menos periódicamente».
El sesgo en los estudios sobre el alcohol
Un domingo por la noche en 1991, Estados Unidos vio al corresponsal de 60 Minutes, Morley Safer, levantar una copa de vino tinto en un bistró francés, sugiriendo que explicaba por qué Francia tenía tasas más bajas de enfermedades cardíacas. En un año, las ventas de vino tinto en el país de Norteamérica aumentaron 40%. Mientras tanto, grandes estudios epidemiológicos encontraron un riesgo reducido de enfermedad coronaria con el consumo ligero a moderado de alcohol. Sin embargo, surgieron dudas, y por buenas razones: la ampliamente reportada «curva en J» que mostraba mayores riesgos cardiacos para los abstemios resultó estar equivocada.
Los grupos de abstemios a menudo incluían muchos «enfermos que dejaron de beber» —exbebedores que habían dejado el alcohol por problemas de salud—. Ajustar estos sesgos redujo la protección de sobrevivencia del alcohol a 3%, estadísticamente insignificante.
Hablar con los pacientes sobre el alcohol
Las tendencias recientes pueden estar a favor de los profesionales de la medicina: el consumo de alcohol entre los adultos estadounidenses cayó a 54% en una encuesta de Gallup de julio de 2025, el más bajo en sus casi 90 años de historia. Pero el alcohol sigue profundamente arraigado socialmente. «El alcohol ayuda a la gente a socializar», dijo la Dra. LoConte. «Es culturalmente normalizado, lo cual hace que sea difícil abordarlo con los pacientes».
El Dr. Columbus Batiste, cardiólogo, está de acuerdo. «Obtenemos el asentimiento de ‘está bien, doctor’ solo para complacernos, y uno sabe que el paciente hará algo completamente diferente cuando salga», dijo el Dr. Batiste, jefe de cardiología en Kaiser Permanente en Moreno Valley, Estados Unidos.
Encontrar el enfoque adecuado para hablar sobre el alcohol podría salvar vidas. Reconocer la investigación previa defectuosa comienza con una actitud positiva y sin juicios.
1. Cambiar el enfoque del ‘daño’ a la ‘promoción de la salud’
Cambiar el guión de «el alcohol es malo» a una discusión sobre cómo alcanzar los objetivos de salud. Se debe conversar sobre si el consumo de alcohol promueve la salud, que es una pregunta diferente a «¿me hará daño?», dijo el Dr. Batiste.
2. Poner al paciente en el asiento del conductor
Enmarcar la dinámica de manera colaborativa. Les dice a sus pacientes: «Tú eres el director ejecutivo de tu cuerpo. Si quieres que florezca, aquí está mi consejo como tu asesor profesional».
3. Usar entrevistas motivacionales y seguimiento
En lugar de simplemente decirles a los pacientes que beban menos, es más efectivo comenzar con una conversación sobre sus hábitos y preocupaciones.
4. Desmentir activamente los mitos comunes de los pacientes
Las creencias erróneas sobre el alcohol incluyen «el vino tinto es más saludable» y «la cerveza es más segura porque tiene menos alcohol por volumen».
5. Confrontar directamente el ‘latigazo nutricional’
Reconocer que los pacientes pueden sentirse confundidos por otro cambio en los consejos de salud. Explicar que las recomendaciones científicas evolucionan puede ayudar a poner el cambio en contexto.
Ninguna cantidad de alcohol es segura, punto final.
Los expertos citados en este artículo no declararon conflictos de interés relevantes.
Este contenido se tradujo de la edición en inglés de Medscape.
Fuente: https://espanol.medscape.com/viewarticle/es-hora-del-fin-del-mito-del-alcohol-saludable-2026a1000mtz
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