La restricción proteica podría mejorar la salud metabólica en la vejez y prolongar tanto la esperanza de vida saludable como la vida en general. A esta conclusión llegaron Bailey Knopf y el Dr. Dudley Lamming, de la University of Wisconsin-Madison, en Madison, Estados Unidos, en Cell Press Blue.
En su revisión, analizaron publicaciones sobre el tema de la restricción proteica e identificaron seis efectos de un consumo reducido de proteínas y sus mecanismos moleculares que promueven el envejecimiento saludable. Sobre todo, parece que la restricción de aminoácidos específicos (metionina, leucina, isoleucina y valina) es la responsable del efecto positivo.
¿Más o menos proteína?
Guías actuales, como las de la Sociedad Alemana de Nutrición, recomiendan una ingesta diaria de proteína de 1,0 g/kg de peso corporal para las personas mayores de 65 años, entre otras cosas, para reducir sarcopenia y fragilidad en general.
Sin embargo, estas recomendaciones contradicen los datos epidemiológicos, como señalaron Knopf y el Dr. Lamming: «Los estudios de asociación en humanos han demostrado que las dietas ricas en proteínas están asociadas con mayor riesgo de diabetes, cáncer y mortalidad».
Así, un análisis de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) mostró que mayor consumo de proteínas se asociaba con mayor mortalidad y enfermedades relacionadas con la edad. Sorprendentemente, un estudio de gemelos realizado en el Reino Unido en 2023 incluso encontró que «mayor consumo de proteínas se asoció positivamente con la sarcopenia en gemelos de edad avanzada y desafía la idea convencional de que las proteínas dietéticas previenen la sarcopenia».
En su revisión, Knopf y el Dr. Lamming examinaron qué hallazgos existen sobre los efectos positivos de una ingesta total reducida de proteínas al tiempo que se satisfacen las necesidades nutricionales y qué explicación hay para esto.
Seis efectos centrales de la restricción proteica
Los autores identificaron seis efectos centrales de la restricción proteica en relación con el envejecimiento y las enfermedades asociadas a la edad:
1. Mejora de la salud metabólica.
2. Mejora de las vías de detección de nutrientes (vías metabólicas que garantizan el equilibrio entre producción, almacenamiento y consumo de energía).
3. Reducción de la senescencia.
4. Mejora de la función mitocondrial.
5. Modificaciones epigenéticas positivas.
6. Envejecimiento saludable.
Efecto 1: mejora de la salud metabólica
La restricción proteica mejora la función metabólica al reducir el sobrepeso, aumentar el gasto energético y mejorar la homeostasis de la glucosa. «Esto no se debe a menor ingesta calórica. De hecho, la restricción proteica aumenta la ingesta de alimentos, pero aun así reduce la masa grasa y el peso debido a mayor gasto energético», explicaron los autores.
El mediador principal de este efecto es el factor de crecimiento de fibroblastos 21, una hormona inducida por el estrés nutricional. Entre otras cosas, promueve el gasto energético y la pérdida de grasa, aumenta la sensibilidad a la insulina y ejerce un efecto antiinflamatorio a través de diversos procesos.
Efecto 2: mejora de las vías de detección de nutrientes
La restricción proteica activa la enzima General Control Nonderepressible 2 que detecta la falta de aminoácidos y, en consecuencia, suprime la síntesis de proteínas. Al mismo tiempo, aumenta la producción del Activating Transcription Factor 4, regulador principal de las reacciones de estrés en la célula. Entre otras cosas, promueve la síntesis de aminoácidos y la autofagia e induce la formación de antioxidantes.
Además, la restricción proteica inhibe el Mecanistic Target of Rapamycin Complex 1 (mTORC1), un complejo proteico central de las células que actúa como «interruptor principal» para el crecimiento celular, metabolismo energético y síntesis de proteínas. La inhibición de mTORC1 también reduce la síntesis de proteínas y activa la autofagia.
Efecto 3: reducción de la senescencia
La senescencia celular es una detención irreversible del ciclo celular. Las células afectadas desarrollan un fenotipo secretor asociado a la senescencia. Esto lleva a que las células activen vías de señalización proinflamatorias, las cuales pueden favorecer disfunciones tisulares y, por tanto, acelerar el proceso de envejecimiento. Por otro lado, la eliminación de las células senescentes puede aliviar las enfermedades relacionadas con la edad.
Las dietas ricas en proteínas aumentan la senescencia en el hígado, mientras que la restricción proteica la reduce. Como muestran los estudios, el factor de crecimiento de fibroblastos 21 suprime la senescencia en células cultivadas y reduce la expresión de marcadores proinflamatorios del fenotipo secretor asociado a la senescencia. La reducción de las células senescentes en los tejidos metabólicos podría constituir un mecanismo importante para los efectos beneficiosos para la salud de la restricción proteica.
Efecto 4: mejora de la función mitocondrial
Con la edad, las mitocondrias pierden eficiencia y producen más especies reactivas de oxígeno que provocan estrés oxidativo e impulsan la senescencia y la inflamación. La disfunción mitocondrial coincide en muchas enfermedades asociadas a la edad.
Estudios murinos han demostrado que con una dieta rica en proteínas, la actividad de la cadena de transporte de electrones en el músculo esquelético se reduce significativamente y la resistencia durante el esfuerzo físico se ve afectada. Esto sugiere que una dieta rica en proteínas podría ser perjudicial para la homeostasis mitocondrial del músculo esquelético.
Sin embargo, los hallazgos sobre la relación entre el contenido proteico de la dieta y la función mitocondrial no son consistentes.
Efecto 5: modificaciones epigenéticas positivas
Las modificaciones epigenéticas, como metilación del ADN y modificaciones postraduccionales de las histonas, influyen en los genes activos en una célula. Los datos de investigación sugieren que la restricción proteica, al regular el epigenoma, podría promover la vida sana al preservar o restaurar un patrón epigenético juvenil.
Efecto 6: envejecimiento saludable
«La restricción proteica no solo prolonga la vida, sino que también aumenta la vida sana en diversas especies», afirmó el equipo autoral. Un estudio británico con gemelos demostró que mayor ingesta de proteínas se asocia con mayor riesgo de sarcopenia, mientras que una dieta mediterránea baja en proteínas se asocia con mayor masa muscular y fuerza muscular.
Una posible explicación para estos resultados, en parte contradictorios, podría ser la fuente de proteínas, ya que las proteínas vegetales —a diferencia de las de origen animal— se asocian con menor riesgo de fragilidad.
Estudios propios de los autores han revelado que, si bien una dieta rica en proteínas promueve el crecimiento muscular, especialmente en combinación con el entrenamiento de fuerza, la restricción de proteínas atenúa el aumento de la fragilidad relacionada con la edad.
La actividad física puede compensar en gran medida la pérdida de masa libre de grasa asociada a las dietas bajas en proteínas en los seres humanos. De esta manera, las personas podrían aprovechar los beneficios de la restricción de proteínas y al mismo tiempo conservar su masa muscular.
La larga esperanza de vida de la población de Okinawa, Japón, se atribuye en parte a su dieta con restricción proteica, que contiene aproximadamente 9 % de proteínas. Okinawa forma parte de las «zonas azules», regiones en las que las personas alcanzan edades superiores al promedio.
Además, la población de Okinawa obtiene aproximadamente 80 % de sus calorías de fuentes vegetales y, en general, las personas consumen menos calorías en total. Por tanto, los beneficios podrían no atribuirse únicamente a la menor ingesta de proteínas. No obstante, estas observaciones respaldan la posibilidad de que la restricción proteica pueda promover un envejecimiento saludable en los seres humanos.
Con la edad, también disminuye la resiliencia física, es decir, la capacidad de soportar y recuperarse de estreses como temperaturas extremas, periodos de ayuno e infecciones, entre otras cosas. La resiliencia celular, es decir, la capacidad de las células para reaccionar ante factores de estrés, como hipoxia, patógenos o calor, también disminuye con la edad. La pérdida de esta resiliencia contribuye a enfermedades crónicas, multimorbilidad y mortalidad y está influenciada por alimentación, estilo de vida y factores genéticos.
En la especie Drosophila, la restricción proteica aumenta la resiliencia durante el envejecimiento y mejora las respuestas a hambre, infecciones bacterianas y estrés por calor. Sin embargo, aún queda por aclarar qué efectos tiene la restricción proteica sobre la resiliencia en los mamíferos.
El papel de aminoácidos específicos
Existen numerosos estudios que han investigado los efectos de la restricción de aminoácidos específicos; sin embargo, en su mayoría se han realizado en modelos animales. De estos estudios se desprende que la restricción de los aminoácidos esenciales reproduce los beneficios de la restricción general de proteínas en la esperanza de vida, mientras que la restricción de los aminoácidos no esenciales no aporta ningún beneficio en cuanto a la esperanza de vida. En particular, la restricción de la metionina y de los aminoácidos de cadena ramificada —leucina, isoleucina y valina— tiene aparentemente un efecto positivo.
La restricción de metionina prolonga la vida de muchas especies. La restricción de isoleucina mejora de manera consistente la salud metabólica en diversas dietas y grupos de edad en ratones. La restricción de valina reduce el peso corporal, mejora la salud metabólica y prolonga la vida de los ratones machos.
Sin embargo, la restricción de aminoácidos no esenciales también influye en aspectos específicos del envejecimiento. La suplementación con glicina, por ejemplo, prolongó la esperanza de vida de los ratones en un 6,2 % en machos y un 3,7 % en hembras. La restricción de tirosina en Drosophila prolongó significativamente la esperanza de vida.
En resumen, los investigadores concluyeron que los aminoácidos no esenciales podrían ser tan importantes para el proceso de envejecimiento como los aminoácidos esenciales y que deben analizarse de manera diferenciada. La suplementación con algunos aminoácidos no esenciales podría promover un envejecimiento saludable, mientras que la reducción de otros aminoácidos no esenciales en la dieta podría tener efectos positivos en salud y longevidad.
¿Qué significan estos resultados para la práctica clínica?
Los autores advirtieron contra una aplicación clínica precipitada, señalando los desafíos que implica determinar los niveles óptimos de proteínas y de aminoácidos específicos para la salud de cada individuo.
Se recomienda especial precaución con las poblaciones vulnerables. Mujeres embarazadas, niños, personas con restricción calórica y quienes se encuentran en convalecencia podrían verse perjudicados por la restricción de proteínas o aminoácidos. «Muchas personas mayores sufren deficiencia de proteínas debido a factores como disminución del apetito, limitaciones económicas y aislamiento social. La restricción de proteínas o aminoácidos podría llevar a estas personas a un estado de deficiencia», destacaron los investigadores.
Por último, las personas que practican ejercicio regularmente podrían tener mayor necesidad de proteínas o al menos poder consumir mayores cantidades de proteínas o de ciertos aminoácidos sin mayor riesgo metabólico.
Sobre todo, ven en los resultados de sus estudios un llamado a seguir investigando las relaciones entre las proteínas en la alimentación y los procesos de envejecimiento, con el fin de poder traducirlas en recomendaciones nutricionales concretas e individualizadas.
Disclaimer: Esta información no debe interpretarse como un consejo médico. Consulte a un profesional de la salud antes de hacer cambios significativos en su dieta o estilo de vida.
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