Partículas finas, dióxido de nitrógeno, ruido del transporte, metales pesados, disruptores endocrinos… la exposición a la contaminación ambiental podría contribuir al desarrollo de trastornos psiquiátricos, como la depresión, el trastorno bipolar o la esquizofrenia.
Así lo destaca un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), que se basa en una revisión sistemática de la literatura. La agencia insta a integrar mejor estos datos en las políticas de salud pública.
Los datos son ahora bastante convergentes y constituyen una base sólida a favor de la implicación de la contaminación atmosférica en la aparición de patologías mentales.
Dr. Franck Schurhoff
«El creciente número de datos que establecen un vínculo entre la contaminación y los trastornos de salud mental subraya la urgencia de integrar las políticas ambientales y de salud pública», indica la agencia. «Incluso reducciones modestas en los niveles de contaminación podrían aportar mejoras significativas en materia de salud mental a nivel de la población».
En 2023, los trastornos mentales representaron la sexta causa de discapacidad y la octava causa de mortalidad en la Unión Europea. Desde la década de 2000, su prevalencia ha aumentado constantemente. Si bien la influencia de factores psicosociales relacionados con la vida en el entorno urbano (estrés, inseguridad, precariedad…) ha centrado durante mucho tiempo la atención de los investigadores, cada vez se señala más la implicación de la contaminación.
El doble de enfermedades psiquiátricas en zonas urbanas
«El efecto de la contaminación del aire sobre la salud mental se ha estudiado solo durante los últimos 10 a 15 años», destacó el Dr. Franck Schurhoff, del Hospital Henri-Mondor, AP-HP, en Creteil, Francia, a Medscape en francés. «Los datos son ahora bastante convergentes y constituyen una base sólida a favor de la implicación de la contaminación atmosférica en la aparición de patologías mentales».
Las partículas finas (PM10 y PM2,5) y el dióxido de nitrógeno (NO2) se encuentran entre los contaminantes mejor documentados. Según la agencia, las revisiones sistemáticas disponibles ponen de manifiesto una relación estadísticamente significativa entre la exposición crónica a estos contaminantes y los síntomas depresivos.
La contaminación del aire podría no solo favorecer la aparición de trastornos, sino también agravar sus síntomas y su evolución.
La relación entre el entorno urbano y la salud mental se puso de manifiesto inicialmente a través de la urbanicidad, es decir, el hecho de nacer, crecer y vivir en la ciudad, explicó el psiquiatra. Según una revisión reciente en la que participó, el riesgo de trastornos psicóticos es aproximadamente dos veces mayor en el medio urbano que en el rural, con un riesgo relativo de entre 2 y 2,5 en los metanálisis, siguiendo una relación dosis-respuesta.
En lo que respecta específicamente a la contaminación del aire, «los estudios se han centrado en su papel tanto como factor de riesgo como factor modificador de la enfermedad psiquiátrica, capaz de influir en su evolución en pacientes ya afectados», destacó el Dr. Schurhoff. Así, no solo podría favorecer la aparición de trastornos, sino también agravar sus síntomas y su evolución.
La exposición a la contaminación del aire exterior durante períodos críticos del desarrollo cerebral —in utero, durante la infancia y la adolescencia— se asocia con cambios estructurales y funcionales en el cerebro
Agencia Europea de Medio Ambiente
El momento y la duración de la exposición son criterios fundamentales. Numerosos estudios sugieren un efecto a largo plazo de la exposición temprana, incluso in utero. «Hay estudios que han demostrado que la exposición a la contaminación del aire durante el embarazo o la infancia aumenta el riesgo de trastornos psiquiátricos entre 15 y 20 años después».
La hipótesis de una neuroinflamación crónica
Estas observaciones son coherentes con los datos de las neurociencias, señala la Agencia Europea de Medio Ambiente. «La exposición a la contaminación del aire exterior durante períodos críticos del desarrollo cerebral —in utero, durante la infancia y la adolescencia— se asocia con cambios estructurales y funcionales en el cerebro».
Varios estudios muestran una asociación entre los picos de contaminación y un aumento de los episodios depresivos o las descompensaciones psicóticas.
Se han propuesto varios mecanismos, en particular una respuesta inflamatoria sistémica. «Los contaminantes inhalados estimulan la producción de citocinas proinflamatorias a nivel pulmonar. Estos mediadores pueden luego atravesar la barrera hematoencefálica e inducir una neuroinflamación crónica», explicó el Dr. Schurhoff. Esta inflamación favorecería entonces la aparición o el agravamiento de trastornos psiquiátricos.
Más allá de este riesgo a largo plazo, algunos datos sugieren también un efecto agudo. Varios estudios muestran una asociación entre los picos de contaminación y un aumento de los episodios depresivos o de las descompensaciones psicóticas, especialmente en pacientes con esquizofrenia.
En un estudio realizado durante 11 años en la región parisina, los equipos del Dr. Schurhoff observaron un aumento de las visitas a urgencias por trastornos psicóticos y episodios depresivos durante los picos de partículas finas (PM2,5 y PM10). La correlación parece más marcada entre el número anual de picos de PM2,5 y las visitas por trastornos psicóticos.
Estos resultados siguen siendo observacionales, pero refuerzan la hipótesis de un impacto directo de la contaminación atmosférica en la salud mental.
¿Hacia un cambio en las políticas públicas?
Si bien la relación de causalidad no está formalmente establecida, los datos parecen convergentes. Para la agencia, la reducción de la contaminación podría contribuir a mejorar el bienestar mental. «Incluso un aumento modesto del riesgo puede tener un impacto importante a escala de la población, dada la alta prevalencia de los trastornos mentales».
Estos elementos abogan por un cambio en las políticas públicas, estima la agencia. Hasta ahora, las estrategias de reducción de la contaminación atmosférica se han justificado principalmente por sus beneficios respiratorios y cardiovasculares. «También podrían tener beneficios para la salud mental» y contribuir así a «reducir la carga de los trastornos mentales» a nivel poblacional.
Más allá de la contaminación atmosférica, la agencia también destaca el papel del ruido ambiental. Los datos muestran que la exposición crónica al ruido del transporte se asocia con un aumento del riesgo de depresión (+3 %) y de ansiedad (+2 %).
Por el contrario, la exposición a los espacios verdes parece ser un factor protector, asociado a una reducción del estrés y a una mejora del bienestar psíquico.
Este artículo se tradujo de la edición en francés de Medscape.
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