Los crecientes desafíos sanitarios asociados con el chemsex constituyeron el foco de una de las sesiones del Congreso Internacional Albatros sobre Adicciones de 2026.
Las presentaciones de Iris Bichard, directora de servicios del Checkpoint Paris, en Francia, y de Robin Drevet, de la Modus Vivendi Association, en Bruselas, Bélgica, subrayaron la necesidad de una atención integral y centrada en las y los pacientes, que articule servicios de salud sexual, reducción de daños y salud mental.
Definir la salud sexual
Durante la sesión, Bichard señaló que la salud sexual va más allá de la ausencia de enfermedad o disfunción. De acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), también abarca el placer sexual, la comodidad, la intimidad, el dolor, el malestar y la falta de deseo, todos ellos factores que contribuyen al bienestar general. También destacó que la salud sexual debe considerarse un componente integral en la atención de las personas que practican chemsex.
¿Qué significa chemsex?
El término chemsex se refiere al uso de sustancias psicoactivas durante la actividad sexual, a menudo para potenciar el placer o el desempeño. Aproximadamente 85 % de las personas que lo practican son hombres que tienen sexo con hombres.
Según Bichard, estas sustancias pueden omitir la fase de deseo sexual y conducir directamente a la excitación sexual. También pueden retrasar o impedir el orgasmo. En consecuencia, las personas que dejan de practicar chemsex a menudo necesitan reaprender a experimentar el deseo, la excitación, la intimidad y la satisfacción sexual sin recurrir al consumo de sustancias.
Bichard recomendó que los equipos sanitarios aborden de forma sistemática las siguientes cuatro preguntas clave durante las consultas:
- ¿Disfruta las relaciones sexuales?
- ¿Siente dolor durante las relaciones sexuales?
- ¿Se siente libre para aceptar o rechazar las relaciones sexuales?
- ¿Qué medidas utiliza para prevenir infecciones de transmisión sexual (ITS)?
También recomendó realizar pruebas de detección de infecciones de transmisión sexual cada tres meses y destacó la plataforma en línea FormaSantéSexuelle, destinada a la capacitación de profesionales de la salud sobre salud sexual.
Sustancias de uso frecuente en contexto de chemsex
Catinonas
Las catinonas son estimulantes sintéticos y sustancias psicoactivas que incluyen decenas de compuestos diferentes. Buscan imitar los efectos de sustancias como cocaína y 3,4-metilenedioximetanfetamina (MDMA). La 3-metilmetcatinona, antes predominante, ha sido sustituida por la 2-metilmetcatinona, la 4-clorometcatinona y la N-etilnorpentedrona. Pueden aumentar la sensación de cercanía emocional e intimidad física.
Otro compuesto es N-etilnorpentedrona, se estima que es aproximadamente siete veces más potente que los compuestos de 3-metilmetcatinona. Entre los efectos adversos se incluyen taquicardia grave, arritmia cardiaca, ansiedad aguda, paranoia, alucinaciones, episodios psicóticos e insomnio que puede persistir durante varios días luego del consumo.
Ácido gamma-hidroxibutírico y gamma-butirolactona
El ácido gamma-hidroxibutírico (GHB), conocido también como éxtasis líquido, xyrem, y la gamma-butirolactona (GLB), también conocido por ser solvente, removedor de pintura, o limpiador industrial (GBL cleaner). Son depresores del sistema nervioso central que favorecen la desinhibición. La combinación de cualquiera de estas sustancias con alcohol o benzodiacepinas conlleva un alto riesgo de sobredosis potencialmente mortal, ya que el margen entre el efecto deseado y la sobredosis es muy estrecho.
Metanfetaminas
La metanfetamina también llamada coloquialmente »cristal» produce efectos intensos y prolongados, tiene un alto potencial de dependencia y se asocia con un riesgo psiquiátrico considerable. Ya que a menudo se administra por vía intravenosa, puede aumentar el riesgo de infecciones, complicaciones vasculares y tisulares, entre otras.
Desafíos actuales
Según Drevet, la capacidad limitada de servicios especializados y la necesidad constante de fortalecer políticas de reducción de daños, presentan un desafío, y propone tres prioridades para mejorar la atención:
- Financiamiento a largo plazo para servicios especializados.
- Fortalecimiento de vigilancia comunitaria para detectar sustancias emergentes y cambios en los patrones de consumo, así como para adaptar las estrategias de prevención.
- Integración de iniciativas de reducción de daños en servicios de atención médica, salud sexual y salud mental.
Desestigmatizar para ayudar
Una atención integral que articule salud mental, sexual y busque reducción de daños solo es posible si se genera confianza. Para ello, evitar estigmas, invitar a los y las pacientes a identificar prácticas de riesgo sin condicionar la ayuda a la abstinencia, es el primer paso para ofrecer acompañamiento oportuno y potencialmente evitar daños.
Este artículo ha sido traducido de Univadis France, que forma parte de la red Medscape Professional Network.
Disclaimer: Esta información no debe considerarse como consejo médico. Siempre consulte a un profesional de la salud calificado para diagnósticos y tratamientos.
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