Casos que no veíamos en la consulta
«Cuando comencé a recibir pacientes era raro encontrar diabetes de tipo 2 en adolescentes y aún menos común hacer diagnóstico de diabetes de tipo 1 en adultos, ahora, en los últimos años lo estamos observando con mayor frecuencia; esto, aunado a un aumento significativo en condiciones como hipotiroidismo subclínico», compartió para Medscape en español la Dra. Raquel Faradji Hazán, endocrinóloga y expresidenta de la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología.
«De hecho, ante el aumento de este tipo de afecciones, los endocrinólogos tenemos la consulta saturada, sería ideal que médicos generales, al egresar de su formación básica, tengan la capacidad de hacer el manejo adecuado de pacientes con enfermedades crónicas no transmisibles, metabólicas, desde su internado y servicio social, y solamente refieran a los especialistas a pacientes con trastornos más complicados».
Lo que dicen los datos
El cambio climático y la contaminación del agua, aire y suelo representan una de las mayores amenazas para la salud global en el siglo XXI, impactando profundamente la salud endócrina, una especialidad que ha recibido atención limitada frente a la crisis ambiental. La exposición a temperaturas extremas, el aumento de contaminantes ambientales y la alteración de los ecosistemas afectan la regulación hormonal, exacerbando la prevalencia de trastornos metabólicos y endócrinos, aumentando la incidencia de ciertas condiciones y cambiando la epidemiología de otras.
Entre los múltiples factores están los disruptores endócrinos, como ftalatos, bisfenoles, pesticidas y organoclorados; sustancias químicas capaces de interferir con el sistema hormonal. Estos alteran la función tiroidea, posiblemente causando hipotiroidismo, interfieren con la regulación metabólica teniendo asociación con la diabetes tipo 2, y afectan la fertilidad, incrementando el síndrome de ovario poliquístico.
La evidencia sugiere que, aunque determinar un mecanismo de causalidad directo sigue siendo complejo, factores ambientales y el cambio climático se asocian a enfermedades endócrinas. La última década ha sido la de mayor temperatura registrada; en 2024 se reportó un promedio global 1,6 ºC por encima de niveles preindustriales, superando el límite de 1,5 ºC recomendado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). El estrés térmico crónico provocado por el calentamiento global altera la homeostasis hormonal, reduciendo la producción de hormonas tiroideas e incrementando niveles de cortisol, que en exceso contribuyen a la resistencia a la insulina, acumulación de grasa abdominal y otras disfunciones metabólicas.
Estudios han mostrado que factores como temperatura, contaminación y sustancias químicas perturbadoras del sistema endócrino se asocian con el incremento anual de condiciones como cáncer de tiroides y diabetes. Además, cambios en patrones de enfermedades infecciosas vinculados al cambio climático también influyen en la epidemiología de trastornos endócrinos. La contaminación por ozono se ha asociado a un aumento en admisiones por enfermedades neuroendócrinas, y análisis en más de 1 millón de personas indicaron que los individuos en el cuartil más alto del índice de vulnerabilidad climática presentaron mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 comparado con los del cuartil más bajo.
Finalmente, el cambio climático afecta los ecosistemas agrícolas y puede reducir la disponibilidad de nutrientes esenciales para la función endócrina, como yodo y selenio, afectando de forma desproporcionada a comunidades vulnerables por su nivel socioeconómico, limitada cobertura sanitaria y exposición crónica a contaminantes y climas extremos.
Desde la práctica clínica
El cambio climático provoca disrupciones en la función reproductiva de hombres y mujeres. En hombres, la exposición a mayor temperatura afecta parámetros de cantidad y calidad espermática; en mujeres, puede influir en el momento de la menarca con posibles efectos psicosociales y sobre la salud ósea y reproductiva.
«La exposición a diversos contaminantes químicos puede perturbar de diferentes maneras al sistema endócrino, ya sea bloqueando a las hormonas, como imitadoras de ellas o bien interfiriendo: pueden actuar como antiandrogénicos o estrogénicos provocando efectos de desregulación en la salud reproductiva», explicó la Dra. Paulina Farías Serra, Ph. D., investigadora de la dirección de salud ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
«Algunas de estas sustancias son, por ejemplo, los plaguicidas, que aunque algunos como el DDT ya no se permiten, se usan todavía en distintos contextos y pueden permanecer mucho tiempo en el ambiente, en el agua y en el suelo, afectando a las comunidades, principalmente a los agricultores. También están los per- y polifluoroalquilados (PFAS), que encontramos en muchos productos cotidianos y que interfieren con la síntesis, liberación y acción de hormonas tiroideas. Algunos productos cotidianos con estas sustancias están en lavandas, aromas en difusores, plásticos…».
«El efecto clínico —que puede ser en la salud reproductiva o tiroidea— depende mucho del momento de vida de la exposición a estos perturbadores endócrinos», continuó la Dra. Farías Serra. «No es lo mismo exponerse durante el embarazo, en la infancia o en edades mayores; también influye la duración de la exposición, su concentración y la variabilidad entre poblaciones. Aunque conocemos esta relación y sus efectos, aún hay mucha investigación pendiente para comprenderla mejor y poder dar recomendaciones prácticas a los pacientes. Generalmente la exposición es a dosis bajas durante periodos largos y combinando distintas sustancias, lo que dificulta constatar evidencia concluyente».
«Además», agregó la investigadora, «cuando hay eventos como inundaciones o huracanes se rocían sustancias químicas como clorados y pesticidas para controlar riesgos infecciosos, lo que puede aumentar el contacto de la población con compuestos que actúan como perturbadores endócrinos. Es decir, los eventos climáticos extremos incrementan los riesgos biológicos, físicos y químicos para las comunidades».
Prepararnos para lo que viene
«Los individuos con diabetes están desproporcionadamente más afectados durante las olas de calor ya que tienen dificultad con la termorregulación, lo que en eventos extremos incrementa el riesgo de hospitalización y atención de urgencias por deshidratación, descompensaciones, agotamiento y golpe de calor», argumentó la Dra. Faradji Hazán. «Incluso hay estudios que muestran que la exposición al calor altera la farmacocinética de la insulina y la precisión de sistemas de monitoreo de glucosa», por lo que, como egresados de medicina, internistas y especialistas, debemos considerar estos efectos en la práctica clínica.
«El cambio climático también modifica la forma en la que nos exponemos a distintos agentes», añadió la Dra. Farías Serra. «Por ejemplo, los hongos que producen aflatoxinas estaban tradicionalmente restringidos a ciertas zonas, pero con la modificación de patrones climáticos esto puede cambiar, afectando eventualmente la incidencia de cáncer de hígado y otras condiciones asociadas a estas toxinas».
Un llamado desde la endocrinología
«Frente al cambio climático y la contaminación se debe preguntar siempre al paciente sobre su historia clínica ambiental,” añadió la Dra. Farías Serra. “Los médicos deben conocer estos riesgos y dirigir la comunicación sobre prevención de la exposición a perturbadores endocrinos según la población: hablar de antiandrogénicos en hombres con riesgo ocupacional, de pesticidas en agricultores, de aromas y perfumes en mujeres, y de evitar plásticos en niños pequeños. Es difícil generalizar recomendaciones porque las fuentes de exposición son muchas y variadas».
«Sin duda hay que estar atentos a las consecuencias del uso de plásticos, a los perturbadores endócrinos y a problemas que ya se están presentando como pubertad precoz, sobrepeso, obesidad e hipotiroidismo», señaló la Dra. Faradji Hazán. «Como médicos debemos promover entre nuestros pacientes las 5R: rechazar, reducir, reutilizar, reparar y reciclar, pues el consumo excesivo y ubicuo de plástico está afectando de forma crónica la salud. Nos toca ayudar a que las familias tomen conciencia».
«Finalmente, una medida práctica y sencilla que puede llegar a mucha gente es que todos los médicos, sin importar la especialidad, recomienden a sus pacientes evitar calentar alimentos y bebidas en contenedores de plástico; y hay que empezar con el ejemplo», concluyó la Dra. Farías Serra.
La Dra. Raquel Faradji Hazán y la Dra. Paulina Farías Serra, Ph. D., han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.
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