Cambios en la consulta: Cambio climático y neurología

Casos que no veíamos en la consulta

Hoy vemos cada vez más pacientes no solamente con el deterioro esperado del hipocampo por envejecimiento, sino personas con enfermedades neurodegenerativas donde hay pérdida importante del bagaje neuronal, trastornos que afectan el funcionamiento del sistema nervioso central, como los parkinsonismos atípicos que aún no entendemos bien y sin duda están subregistrados y me parece que están ligados a malos hábitos, pero probablemente también a exposición a condiciones del medio ambiente. Expresó el Dr. Marco Antonio Alegría Loyola, especialista en medicina interna y en neurología, jefe de neurología del Centro Médico ABC en Ciudad de México, y expresidente de la Academia Mexicana de Neurología. Tras una trayectoria de cuatro décadas de vida profesional ya nota cambios en su consulta.

Recordemos que actualmente tenemos lo que se llama ‘migración epidemiológica’, las personas vivimos más tiempo y presumimos que por ello se presentan enfermedades que cuando la expectativa de vida era menor no teníamos, pero creo que más bien estas nuevas enfermedades ocurren porque al vivir más tiempo acumulamos mayor exposición a elementos nocivos del medio ambiente. Tenemos ya muchas referencias sobre la salud neurológica y la salud planetaria.

De hecho, como dice la famosa frase: ‘Somos lo que comemos’, pero además somos lo que hacemos y a lo que nos exponemos. Por ejemplo, al comer una fruta posiblemente podríamos estar ingiriendo decenas de pesticidas en la cáscara que quizá tendrían efecto acumulativo.

Desde la práctica clínica

Los cambios ambientales no se presentan de forma homogénea en todo el planeta; hay particularidades por región, área y zonas urbana o rural, por lo que el impacto varía de un lugar a otro, advirtió el Dr. Víctor Manuel Rodríguez Molina, neurofisiólogo y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), añadiendo que en las grandes ciudades hay varios cambios que impactan a la salud en general, especialmente a la salud neurológica. El principal cambio es el concerniente a las partículas finas contaminantes, PM2,5, producto de combustión, incendios, industria y automóviles, que traspasan la barrera hacia la sangre, pues no se filtran por nariz ni pulmones, pudiendo desencadenar factores inflamatorios e inmunológicos. Este escenario agrava una enfermedad neurológica ya establecida o bien potencia su desarrollo en caso de haber predisposición o factores de riesgo existentes. Incluso los contaminantes, como metales pesados y pesticidas, podrían afectar el neurodesarrollo durante el embarazo.

Por tanto, trastornos degenerativos, como enfermedad de Alzheimer, demencia y enfermedad de Parkinson, pueden verse incrementados ya sea que el paciente debute o bien se agrave por la alteración al endotelio, por la presencia de esas partículas y de la regulación neural, en microglía y astrocitos, que deriva en neuroinflamación y que puede, por ejemplo, desencadenar la acumulación de proteína tau de forma paulatina en una cadena de eventos crónicos, no de forma aguda.

Asimismo, al alterar el endotelio estas partículas finas también pueden potenciar el riesgo de episodios vasculares cerebrales de forma más aguda que las enfermedades neurodegenerativas. Pero a pesar de la exposición es importante conocer el estado basal del paciente, por ejemplo, si es proinflamatorio, quizá por diabetes, sería aún más probable encontrar estos daños, puntualizó el especialista.

Casi todas las alteraciones que impactan al sistema nervioso siguen este mecanismo, comienza con la exposición a contaminantes que alteran el epitelio vascular y la barrera hematoencefálica, alteran la respuesta de microglía y astrocitos, lo que aumenta el riesgo de que se deriven las distintas afecciones, añadió.

Por otra parte, en las olas de calor, que han aumentado en intensidad y frecuencia por el cambio climático, ocurre también un efecto cascada, que en este caso deriva en eventos más agudos, continuó el Dr. Rodríguez. El incremento de la temperatura provoca deshidratación, que puede traducirse en una hemoconcentración que también incrementa la probabilidad de trombos y el riesgo de ictus. La población de riesgo en estos casos es la pacientes de edad avanzada ya que tienen pérdida de regulación de la sed, que agrava el riesgo a la deshidratación.

Con el tiempo la hemoconcentración puede ir dañando la barrera hematoencefálica y los receptores neurales que pueden incrementar crisis epilépticas. Además, el aumento de calor también altera el sueño, que en pacientes con determinados tipos de epilepsia puede desencadenar aumento de frecuencia de crisis convulsivas.

Los gases contaminantes, como bióxido o monóxido de carbono, productos de la combustión que además de contaminar, al acumularse promueven el cambio climático, provocan estrés oxidativo que afecta todas las células, incluidos el epitelio y las neuronas y de forma crónica deriva en muerte celular, apoptosis, daño cerebral difuso, incremento de depósito de tau o beta-amiloide, con ciertas neuronas siendo más sensibles y pudiendo aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, explicó el Dr. Rodríguez. También estos contaminantes incrementan las citocinas que igualmente impactan la salud cerebral. Finalmente debemos mencionar, dentro de esta complejidad de escenarios, que los cambios en la epidemiología de chinches, garrapatas y mosquitos por los cambios de temperatura modifican a su vez la presentación infecciones por vectores que producen afecciones como encefalitis y hasta síndrome de Guillain-Barré.

Prepararnos para lo que viene

Ante este escenario, el Dr. Alegría comentó que es oportuno citar un estudio realizado en la Clínica Mayo y publicado en 2015 en el que se dio seguimiento a más de 200.000 adultos mayores de 85 años para entender qué factores intervienen para aminorar el deterioro cognitivo, encontrando que los cinco elementos protectores más importantes:

  1. Mantener la dieta mediterránea compatible con las dietas DASH y MIND con antioxidantes
  2. Realizar ejercicio moderado, que da fuerza y equilibrio, evitando caídas y osteoporosis
  3. Socializar, un componente tan importante sabiendo cómo el aislamiento es predisponente para afecciones como demencia;
  4. Realizar una actividad artística, como bailar o tocar un instrumento
  5. Uso de computadora, enfocado en el factor cognitivo, promoviendo ejercicios mentales.

El Dr. Alegría continuó: Además de esto, como neurólogo recomiendo siempre a mis pacientes que tomen mucha agua, que es el diluyente universal y les permite eliminar más rápido, por riñón o hígado, aquello a lo que estuvieron expuestos. El médico también aconseja consumir probióticos y prebióticos porque contribuyen a mantener una microbiota intestinal saludable y pueden ayudar a disminuir la inflamación del intestino. Aunque la investigación continúa, existe evidencia de que las alteraciones de la microbiota podrían favorecer el mal plegamiento de proteínas como la alfa-sinucleína en el sistema nervioso entérico. En algunos pacientes se ha propuesto que esta proteína mal plegada podría propagarse a través del nervio vago hasta el tallo cerebral, donde contribuiría al desarrollo de enfermedad de Parkinson. Si bien esta es una de las hipótesis más sólidas sobre el origen de la enfermedad, aún no se ha demostrado que ocurra en todos los casos ni que los probióticos y prebióticos prevengan este proceso.

El Dr. Alegría concluyó que finalmente se ha encontrado que inhalamos e ingerimos los microplásticos que se desprenden de botellas de agua y vasos de unicel, los cuales están presentes en nuestra vida cotidiana y esto tiene impacto en la salud, por lo que debemos promover que nuestros pacientes se hagan más conscientes de esto y limiten el uso de plásticos, ya que es sabido que no se biodegradan, por lo que debemos sacarlos de la cadena de consumo.

Es importante mencionar que el ser humano tarda dos semanas en adaptarse a cualquier condición, como el calor o el frío, indicó el Dr. Alegría, sin embargo, pacientes con trastornos como esclerosis múltiple son más vulnerables a extremos de calor, dado que las reacciones químicas requieren ciertas condiciones de presión y temperatura para que ocurran, por lo que en variaciones, como golpes de calor, se pierde la autorregulación a nivel del hipotálamo dañando la capacidad de adaptación.

¿Qué muestran los datos?

Las olas de calor, que por el cambio climático han incrementado su frecuencia e intensidad, tienen efectos en órganos y sistemas del cuerpo, incluido el cerebro, que funciona mejor bajo temperaturas y ambientes óptimos; si las condiciones se alteran pueden afectarse capacidad de concentración, irritabilidad, agresividad y velocidad en el procesamiento cognitivo.

Por ejemplo, un análisis de tres millones de pruebas de matemáticas tomadas por estudiantes encontró que a mayores temperaturas los resultados son peores, siendo los alumnos de colegios de menores ingresos los más perjudicados, posiblemente, concluyeron los autores del estudio, por menos acceso a aire acondicionado en las aulas. Una investigación publicada en 2022 encontró que aumentar la temperatura ambiental de 24° C a 26° C y a 28° C (temperaturas que los individuos percibían aún como agradables) disminuyó en 6 % a 10 % el rendimiento en pruebas de memoria, función ejecutora y tiempo de reacción.

La Fundación Americana del Cerebro señala que el aumento de temperatura y humedad exacerba afecciones neurológicas, como enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, demencia, encefalitis, migrañas, ictus y esclerosis múltiple. Algunos estudios han encontrado que estas aumentan la hospitalización asociada a epilepsia. Asimismo, casi todos los fármacos diseñados para modular la química cerebral para tratar trastornos relacionados con comportamiento, percepción y estado de ánimo, excepto las benzodiacepinas, que limitan la capacidad del cuerpo de tolerar y regular condiciones de altas temperaturas.

Además, la incidencia de condiciones neurotóxicas, como konzo y neurolatirismo por consumo excesivo y prolongado de yuca y guijas, respectivamente, se incrementa cuando las condiciones de sequía en regiones de África aumentan. Y se espera los casos de ciguatera, provocada por la ingesta de peces que se alimentan de microalga con la toxina, aumenten al incrementarse la temperatura de la superficie del océano que propicia la proliferación de esta microalga.

Un llamado desde la neurología

El Dr. Rodríguez puntualizó: Debido a que cada vez más el ambiente cobra mayor peso en el desarrollo y agravamiento de las enfermedades en general, incluidas las neurológicas, la recomendación sería buscar que personas de edad avanzada y mujeres embarazadas mantengan buena hidratación durante olas de calor, aplicar prácticas de higiene en casa para eliminar la posibilidad de desarrollo de vectores, conocer el entorno de los pacientes con enfermedades neurodegenerativas para promover que disminuyan su exposición a contaminantes. En el área de neurología debemos educar a nuestros pacientes para que sepan qué factores pueden desestabilizarlos.

El Dr. Alegría concluyó que los individuos debemos prepararnos para atender esta situación inminente, ya que finalmente el resto de los seres vivos va adaptándose a lo que ocurre por la crisis ambiental, como menciona la película de Parque Jurásico: ‘La naturaleza siempre encuentra su camino’ y lo hace mejor que nosotros, por lo que mi recomendación es hacer lo mismo que algunos organismos unicelulares o pequeños que se enquistan ante la adversidad ambiental. Los humanos tenemos que hacer metafóricamente una especie de encapsulamiento favorable siguiendo las recomendaciones de comer sano, socializar y ejercitar nuestro cuerpo y mente pero también incidir de forma responsable en el entorno. ¿Y cómo sabremos actuar de forma positiva?: mediante la educación.

El Dr. Alegría y el Dr. Rodríguez han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.


Fuente: https://espanol.medscape.com/viewarticle/cambios-consulta-cambio-clim%C3%A1tico-y-neurolog%C3%ADa-2026a1000pxo

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