La adicción a la comida tiene una prevalencia elevada en pacientes con trastornos de la conducta alimentaria y, en muchos casos, es de grado grave. Así lo escriben en la revista Eating and Weight Disorders – Studies on Anorexia, Bulimia and Obesity los autores de un estudio italiano, en el que participaron pacientes hospitalizados por trastornos alimentarios.
Como explican los expertos, en los últimos años el interés por la adicción a la comida ha crecido rápidamente, lo que ha suscitado numerosas preguntas en cuanto a su definición, validez diagnóstica e implicaciones clínicas.
«A la luz del aumento de las tasas mundiales de obesidad y trastornos alimentarios, se ha planteado la hipótesis de que el consumo de alimentos con alto contenido calórico, en particular los ricos en azúcares, grasas y sal, puede provocar respuestas neurobiológicas comparables a las desencadenadas por las sustancias que crean adicción», escriben los investigadores dirigidos por Margherita Boltri, del I.R.C.C.S. Instituto Auxológico Italiano de Piancavallo (Verbano-Cusio-Ossola) y del Departamento de Psicología de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, autora principal del artículo. De ahí surge la hipótesis de una nueva adicción, la adicción a la comida, ya definida como «un modelo disfuncional de comportamiento alimentario caracterizado por un deseo intenso, pérdida de control, persistencia del comportamiento a pesar de las consecuencias negativas, tolerancia y síntomas de abstinencia».
«Cabe recordar que, en la actualidad, la adicción a la comida no está reconocida como categoría diagnóstica independiente en el DSM-5-TR y, en parte por eso, se considera una característica que se da en varios tipos de trastornos alimentarios», declaró Boltri a Univadis Italia.
Un hilo conductor entre los distintos trastornos alimentarios
El objetivo del estudio de Boltri y sus colegas era evaluar la prevalencia y las correlaciones clínicas de la adicción a la comida. Los participantes, tanto en el momento del ingreso como al recibir el alta, completaron varios cuestionarios estandarizados de autoevaluación destinados a identificar la presencia de adicción a la comida (YFAS 2.0), comportamientos de atracones, psicopatología relacionada con los trastornos de la conducta alimentaria (EDI-3), malestar relacionado con la imagen corporal y síntomas psicológicos generales (SCL-90). La prevalencia de la adicción a la comida se situó en el 85,6 %, con más de la mitad de los participantes (51,1 %) clasificados como graves. En particular, las puntuaciones del YFAS 2.0 resultaron elevadas entre los pacientes con trastorno por atracón y bulimia nerviosa.
«En general, los datos sugieren que la adicción a la comida puede constituir una dimensión transversal a los distintos trastornos alimentarios, y no solo un fenómeno vinculado al trastorno por atracón y a la bulimia nerviosa, sino también a perfiles más restrictivos, como por ejemplo la anorexia nerviosa», declaró Boltri a Univadis Italia. También subrayó que el dato clínicamente más relevante es que los niveles elevados de adicción a la comida parecen asociarse a una mayor gravedad y cronicidad del cuadro psicopatológico, independientemente del diagnóstico específico, la duración de la enfermedad o las variaciones de peso.
«Suponemos, además, que en algunos casos, esta dimensión también puede contribuir al denominado shifting entre diferentes manifestaciones clínicas del trastorno alimentario, por ejemplo, de la vertiente restrictiva a la bulímica», añadió. Reconocer estos aspectos de forma precoz puede ayudar a los clínicos a personalizar en mayor medida las intervenciones terapéuticas, eligiendo estrategias centradas en aspectos como la impulsividad o la regulación afectiva, en lugar de en el síntoma específico definido por la categoría diagnóstica.
La principal diferencia con respecto a otros trastornos alimentarios parece ser, en cambio, que la imagen corporal no ocupa un lugar tan central. En la adicción a la comida, la atención parece centrarse más en la comida como sustancia, buscada por sus propiedades gratificantes o reguladoras a nivel emocional.
«El médico de cabecera puede desempeñar un papel muy importante en la detección precoz de pacientes que presentan síntomas relacionados con trastornos alimentarios, incluida la adicción a la comida», explicó Boltri a Univadis Italia. Según la experta, no deben subestimarse señales como el craving incontrolable, la pérdida de control sobre la comida, comer de forma compulsiva incluso sin tener hambre física y un fuerte sufrimiento emocional asociado a la alimentación, con repercusiones en el funcionamiento social, relacional y/o laboral del individuo.
El primer paso desde un punto de vista práctico podría ser profundizar en la relación del paciente con la comida de forma no crítica y reconocer precozmente las señales de sufrimiento psicológico, derivando luego a la persona a servicios especializados en trastornos alimentarios cuando sea necesario.
Adicciones: ¿dónde se sitúa la adicción a la comida?
El estudio «Adicciones conductuales en la Generación Z», coordinado por el Centro Nacional de Adicciones y Dopaje del ISS, ha revelado que la adicción a la comida es un fenómeno emergente y preocupante también en Italia, sobre todo entre los más jóvenes, y presenta una prevalencia ligeramente inferior al 30 %. «Es probable que el fenómeno siga estando subestimado, ya que muchos casos no llegan a los servicios especializados o se abordan únicamente desde el punto de vista nutricional o psicológico, sin una evaluación global del comportamiento adictivo», comentó Adele Minutillo, del Centro Nacional de Adicciones y Dopaje del Instituto Superior de Salud (ISS), para Univadis Italia.
«La literatura científica sugiere que, desde el punto de vista neurobiológico, la adicción a la comida comparte varios aspectos con las adicciones a sustancias, sobre todo en lo que respecta a la participación de los circuitos dopaminérgicos de la recompensa», declaró Boltri a Univadis Italia, explicando que algunos alimentos muy apetecibles parecen, de hecho, activar los sistemas de recompensa cerebrales de forma similar a lo observado en las adicciones clásicas.
También desde el punto de vista clínico se encuentran elementos comunes como el craving intenso, la pérdida de control y una fuerte inversión mental en la comida. «Al mismo tiempo, sin embargo, existen diferencias importantes con respecto a las adicciones a sustancias», añadió Boltri. A diferencia del alcohol u otras sustancias, de hecho, la comida representa una necesidad biológica fundamental y no puede evitarse por completo, lo que hace mucho más complejo definir la frontera entre comportamiento fisiológico y comportamiento patológico.
En cuanto a las intervenciones que deben aplicarse ante la presencia del trastorno, Boltri mencionó enfoques psicoterapéuticos que integren un enfoque centrado en la regulación emocional y en las dificultades interoceptivas, como por ejemplo el CREST (Cognitive Remediation and Emotion Skills Training). También podrían resultar útiles los enfoques farmacológicos, tal vez basados en los agonistas del GLP-1, cada vez más utilizados y estudiados actualmente también en los comportamientos alimentarios compulsivos, o estrategias nutricionales específicas. «Sin embargo, se trata de hipótesis aún preliminares y especulativas que requieren más confirmaciones científicas», concluyó.
Los entrevistados y las entrevistadas declararon no tener conflictos de intereses.
Este contenido fue publicado originalmente en Univadis Italia, parte de la Red Profesional de Medscape.
Descargo de responsabilidad: Este artículo es solo con fines informativos y no debe considerarse un consejo médico. Siempre consulte a un profesional de la salud para obtener asesoramiento sobre su salud.
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