La actividad física en el trabajo podría no ofrecer la misma protección contra la demencia que la actividad física practicada durante el tiempo libre, según sugiere una nueva investigación.
Los resultados de un amplio metanálisis mostraron que, con una mediana de seguimiento de 10 años, los niveles altos de actividad física se asociaron con menores riesgos de demencia por cualquier causa, demencia vascular y enfermedad de Alzheimer en general. Sin embargo, la actividad física durante el tiempo libre se asoció con un riesgo 24 % menor de demencia, mientras que la actividad física relacionada con el trabajo se vinculó con un riesgo 20 % mayor.
Estos hallazgos cuestionan la idea de que «todo movimiento cuenta» quando se trata de la prevención de la demencia, señaló el autor principal, Natan Feter, Ph. D., investigador posdoctoral en la Universidad del Sur de California (USC), en Los Ángeles, Estados Unidos.
«Al tratarse de un estudio observacional, no podemos confirmar que la actividad laboral vaya a aumentar el riesgo de demencia; pero encontramos una relación dosis-respuesta que mostró que los vínculos que hallamos eran muy consistentes entre las distintas cohortes. También nos sorprendió la magnitud de las asociaciones que encontramos», declaró Feter a Medscape Noticias Médicas.
Los hallazgos se publicaron en versión electrónica el 18 de agosto en The Lancet Public Health.
La «paradoja» de la actividad física
Feter señaló que una «paradoja» de la actividad física —según la cual los trabajos físicamente exigentes no resultan tan beneficiosos como el ejercicio voluntario— ya se había documentado en investigaciones cardiovasculares previas. Su equipo quiso comprobar si esta paradoja también se aplicaba al riesgo de demencia.
Aunque una revisión sistemática y metanálisis publicados anteriormente ya habían mostrado un vínculo entre la actividad física y un menor riesgo de demencia, muchos de los estudios incluidos solo evaluaban la actividad física durante el tiempo libre.
Para la presente investigación, los autores examinaron la actividad física realizada en otros ámbitos, incluidos el laboral, el doméstico y el del desplazamiento. Incluyeron 17 estudios nuevos, además de los 57 estudios de la revisión anterior, todos publicados entre 2021 y 2026, que en conjunto abarcaron a más de 4,2 millones de participantes de 20 años o más (edad media, 67,3 años; 52,8 % mujeres) de 30 países.
Con un seguimiento medio de 10 años, los resultados mostraron un menor riesgo de demencia por cualquier causa (riesgo relativo [RR], 0,80), demencia vascular (RR, 0,71) y enfermedad de Alzheimer (RR, 0,79) para los niveles altos de actividad física en comparación con el nivel más bajo.
También se observó una reducción del riesgo de demencia por cualquier causa para la actividad física en el tiempo libre y la actividad física doméstica (RR, 0,76 y 0,85, respectivamente), aunque la evidencia de esta última proviene de un único estudio. El riesgo de demencia aumentó para la actividad física laboral y la relacionada con el desplazamiento (RR, 1,20 y 1,10, respectivamente).
«Nuestros hallazgos muestran que la asociación entre la actividad física y el riesgo de demencia no es uniforme en los distintos contextos de actividad», escribieron los autores. Los resultados subrayan la importancia de considerar cómo y dónde se acumula la actividad, en lugar de centrarse únicamente en los niveles totales, añadieron.
Las exigencias físicas de la actividad relacionada con el trabajo, junto con el estrés laboral y las exposiciones ambientales peligrosas, podrían ayudar a explicar su asociación con un mayor riesgo de demencia, señaló Feter.
Sin embargo, aclaró que los hallazgos no abogan por evitar los trabajos físicamente activos. En cambio, subrayó la importancia de sumar actividad física durante el tiempo libre siempre que sea posible.
«Mejorar el acceso a parques seguros, senderos para caminar e instalaciones recreativas… y reducir las exposiciones nocivas en el lugar de trabajo podría llegar a ser tan importante como promover la actividad física en sí misma», añadió en un comunicado el coinvestigador, Dr. David Raichlen, también de la USC.
El estudio más grande hasta la fecha
En un editorial que acompaña la publicación, Mika Kivimäki, Ph. D., y Mark Hamer, Ph. D., ambos del University College London, en Londres, Inglaterra, escribieron que se trata del metanálisis más grande hasta la fecha sobre estudios observacionales que examinan la actividad física y la demencia.
Los autores del editorial también coincidieron con Feter en que el hallazgo de un vínculo entre la actividad física laboral y un mayor riesgo de demencia resulta plausible por varias razones.
«La actividad física en sí misma no se vuelve perjudicial por el simple hecho de realizarse en el trabajo», escribieron.
Pero los trabajos con alta actividad física «suelen ser ocupaciones manuales, desempeñadas por trabajadores con menor nivel educativo, menos oportunidades de realizar un trabajo cognitivamente estimulante, mayor exposición a agentes neurotóxicos y una mayor prevalencia de tabaquismo y otros factores de riesgo que los empleados en las llamadas ocupaciones de oficina», añadieron Kivimäki y Hamer.
Por otro lado, señalaron que la actividad física recreativa suele incluir interacción social y tareas cognitivamente exigentes.
Aunque los metanálisis de estudios observacionales sobre actividad física recreativa «siguen siendo susceptibles a la causalidad inversa», la actividad física en general continúa ofreciendo beneficios bien establecidos para la salud, señalaron Kivimäki y Hamer.
«Incluso si su efecto sobre la demencia resulta ser menor de lo que sugiere el presente metanálisis, sigue siendo una de las intervenciones de salud pública más valiosas», concluyeron.
El estudio fue financiado por varias organizaciones, entre ellas los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, el estado de Arizona, el Departamento de Servicios de Salud de Arizona y la Fundación McKnight de Investigación Cerebral. La información adicional sobre financiamiento y los conflictos de interés de los autores del estudio está disponible en la publicación original. Los autores del editorial declararon no tener conflictos de interés financieros relevantes.
Este contenido se tradujo de la edición en inglés de Medscape.
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