La confianza se está convirtiendo en el mejor tratamiento que tenemos

Un especialista en pediatría describió recientemente una conversación con unos padres que decidieron no vacunar a su lactante, una decisión que atribuyeron a afirmaciones falsas difundidas en Internet según las cuales las vacunas infantiles habituales no son seguras.

Los padres no eran indiferentes. Más bien al contrario. Estaban profundamente preocupados e intentaban proteger a su hijo. Habían pasado horas leyendo artículos, navegando por las redes sociales y escuchando voces que hablaban con certeza y convicción. Cuando llegaron a la consulta, no solo traían consigo preguntas, sino también miedo.

El especialista comprendió algo importante en ese momento: no se trataba simplemente de un debate sobre las vacunas. Era una crisis de confianza.

En todo el mundo, profesionales de la medicina se enfrentan a una creciente erosión de la confianza en la ciencia, la salud pública y las instituciones médicas. Lo vemos en conversaciones sobre vacunas, brotes de sarampión, salud reproductiva, nutrición, salud mental y tratamientos emergentes. Lo vemos cuando los pacientes rechazan la ciencia establecida en favor de la desinformación viral. Lo vemos cuando las recomendaciones de salud pública se interpretan desde una perspectiva política en lugar de basarse en la evidencia. Lo vemos cuando los pacientes, al no poder acudir con profesionales de la medicina o no poder permitírselo, recurren a Internet para resolver sus dudas sobre salud. Y las consecuencias ya son evidentes.

La disminución de las tasas de vacunación infantil ha contribuido al resurgimiento de enfermedades que muchos profesionales de la medicina creían que, en gran medida, ya habían quedado atrás. Los pacientes retrasan las pruebas de detección de enfermedades. Algunos evitan por completo acudir con su profesional de la medicina. Otros recurren a tratamientos sin demostrar que se promocionan en Internet con confianza, pero con escasa responsabilidad.

Este entorno genera riesgos profundos no solo para los pacientes individuales, sino para la propia salud pública.

Lo que hace que este momento sea especialmente difícil es que la confianza se ha fragmentado. Los estadounidenses ya no confían en un conjunto común de instituciones o fuentes de información sobre la salud. Los pacientes se enfrentan a una mezcla de conocimientos especializados fiables, comentarios partidistas, personas influyentes en las redes sociales y desinformación deliberada, a menudo todo al mismo tiempo.

Sin embargo, hay una realidad importante y esperanzadora en esta historia: los pacientes siguen confiando en sus profesionales de la medicina.

Encuestas de Estados Unidos siguen mostrando que profesionales de la medicina y enfermería se encuentran entre los profesionales que más confianza inspiran. Sondeos recientes han revelado que muchos estadounidenses confían más en organizaciones como la American Medical Association, la American Academy of Pediatrics y otras en cuestiones de salud pública que en organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

Este hallazgo no debe considerarse una victoria de una institución sobre otra. Debe interpretarse como una señal de alerta. Cuando la confianza en las instituciones de salud pública se debilita, resulta más difícil responder de manera eficaz a los brotes, las emergencias y las amenazas sanitarias emergentes. La confusión se propaga más rápidamente. El consenso público se erosiona. Los pacientes se ven obligados a intentar determinar a quién y en qué creer en momentos en los que la claridad es más importante que nunca. Las implicaciones son graves.

La salud pública depende de la confianza. La ciencia depende de la confianza. La relación profesional de la medicina-paciente depende de la confianza. Y la confianza no se puede simplemente exigir. Hay que ganársela.

Por eso las y los profesionales de la medicina tienen una responsabilidad única: no solo atender a los pacientes, sino también ayudar a restablecer la confianza en la ciencia y en la propia evidencia.

Esa labor comienza con la comunicación. Los pacientes no necesitan que profesionales de la medicina les demos sermones. Necesitan que los escuchemos con atención, que les expliquemos con claridad y que les hablemos con honestidad, especialmente cuando los temas son complicados o están cargados de emotividad. Necesitan profesionales de la medicina que sean capaces de reconocer la incertidumbre cuando existe, sin dejar de basar las conversaciones en la evidencia y la experiencia.

Los pacientes también necesitan empatía. Muchas personas influenciadas por la desinformación no son irracionales ni poco inteligentes. Se sienten abrumadas, presionadas por el tiempo e incapaces de acudir al profesional de la medicina cuando lo necesitan. Intentan dar sentido a mensajes contradictorios en una cultura en la que la indignación y la certeza suelen propagarse más rápido que los matices y la evidencia.

Las y los profesionales de la medicina no podemos desentendernos de esa realidad. Debemos afrontarla directamente.

Por eso la American Medical Association ha ampliado sus esfuerzos para ayudar a profesionales de la medicina a involucrar a los pacientes y al público de manera más eficaz en torno a la ciencia y la información sobre la salud. Iniciativas como nuestro nuevo pódcast Health vs. Hype tienen como propósito hacer frente directamente a las tendencias virales y a la desinformación, y ayudar a las personas a distinguir la evidencia del ruido. La American Medical Association ha desarrollado infografías accesibles sobre vacunas y herramientas educativas que profesionales de la medicina pueden utilizar en sus conversaciones con los pacientes y sus familias.

La American Medical Association también está ayudando a profesionales de la medicina a convertirse en voces más visibles y fiables en los debates públicos sobre salud. Esto incluye amplificar las perspectivas de profesionales de la medicina a través de los medios de comunicación nacionales, las redes sociales, los podcasts y los foros públicos, donde la desinformación suele propagarse sin control. A través de la campaña de la American Medical Association: Your Care Is Our Core (Su bienestar es nuestra prioridad) —actualmente activa en Estados Unidos—, las y los profesionales de la medicina se dirigen directamente a los pacientes y a las comunidades para hablar sobre el valor de la atención dirigida por profesionales de la medicina, la importancia de la relación profesional de la medicina-paciente y la necesidad de proteger el acceso a una atención médica de alta calidad.

La American Medical Association también colabora con profesionales de la medicina, sociedades médicas, líderes de la salud pública y empresas tecnológicas para promover una información sanitaria en línea más responsable y reforzar el vínculo entre la medicina basada en evidencia y el público. Porque reconstruir la confianza requerirá algo más que corregir afirmaciones falsas una vez que se hayan difundido. Requiere un compromiso constante, voces creíbles y la voluntad de acercarse a los pacientes allí donde se encuentren.

Y lo que es más importante, requiere que las y los profesionales de la medicina asuman el liderazgo, no solo en las clínicas y los hospitales, sino también en el debate público más amplio sobre la ciencia, la evidencia y la salud. Porque si las y los profesionales de la medicina no contribuyen a dar forma a esos debates, lo harán otros, y los pacientes seguirán pagando el precio de la confusión y la desinformación.

No se trata simplemente de un reto de comunicación. Es uno de los retos de salud pública que definen nuestra época.

Si bien la tecnología y las redes sociales han acelerado la difusión de la desinformación, no son la causa fundamental de la desconfianza. Hay fuerzas mucho más profundas en juego: la polarización, el aislamiento, la disminución de la confianza en las instituciones y una sensación creciente entre muchos estadounidenses de que nadie les está contando toda la verdad. Profesionales de la medicina se encuentran en una posición única para cambiar eso —y hacerlo en un momento y lugar que pueden cambiar la vida de alguien.

Cada día, los pacientes siguen entrando en las consultas en busca de algo auténtico: alguien en quien puedan confiar para que les explique lo que importa, lo que demuestra la evidencia científica y qué pasos deben dar a continuación. Esa conexión humana sigue siendo una de las fuerzas más poderosas de la medicina.

En un momento en el que la confianza es frágil, restablecerla puede ser una de las formas más importantes de atención que las y los profesionales de la medicina pueden proporcionar.

El Dr. John Whyte, máster en Salud Pública, es director ejecutivo de la American Medical Association.

Este contenido se tradujo de la edición en inglés de Medscape.

Disclaimer: La información proporcionada en este contenido es solo para fines informativos y no debe ser considerada como consejo médico. Consulte siempre a su médico u otro proveedor de salud calificado con cualquier pregunta que pueda tener con respecto a una afección médica.


Fuente: https://espanol.medscape.com/viewarticle/confianza-se-est%C3%A1-convirtiendo-mejor-tratamiento-que-2026a1000hop

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