El gran pánico por el cacahuate: cómo creamos accidentalmente una epidemia de alergias

Introducción a la epidemia de alergias

Hoy en día, ver las noticias de la noche es un ejercicio de nihilismo. Todo es horrible y la situación es tan deprimente que a veces pongo episodios de Bluey para no ponerme a llorar. Para que conste, Baby Race es el mejor episodio. The Sign no cuenta porque era más largo que todos los demás e innegablemente increíble.

Pero para aquellos de ustedes que necesitan algo a lo que aferrarse que no implique perros antropomórficos, parlantes y bípedos, hay un rayo de sol en este sombrío panorama mediático en el que vivimos: las alergias a los alimentos en la población pediátrica están disminuyendo.

Entender las estadísticas sobre la alergia al cacahuate

Si eras padre de menores en los años 90 y principios de los 2000, probablemente no pensabas en otra cosa que no fuera la alergia al cacahuate y, en algún momento, seguramente tuviste una discusión acalorada con otro padre sobre si debería prohibirse la mantequilla de cacahuate. Esta prohibición fue una controversia que llegó a encender muchos ánimos y hay una razón por la que la llamaron «el pánico del cacahuate». ¿Pero hasta qué punto estaba justificado?

Las alergias al cacahuate aumentaron durante la década de los años noventa. Eso es cierto. Pero la forma en que se interpreta ese aumento importa. En aquel momento algunas personas hablaban de una explosión de alergias alimentarias y al cacahuate. La palabra «epidemia» se utilizaba mucho, de forma que nos parece pintoresca desde nuestra perspectiva pos-COVID-19.

Una encuesta de 2010 reveló que las alergias al cacahuate se duplicaron y luego se triplicaron durante la década anterior, lo cual da miedo. Pero en términos absolutos, las alergias al cacahuate pasaron de afectar a 0,4 % de la población pediátrica en 1997 a 0,8 % en 2008 y a 1,4 % en 2022. Se trata de un aumento del triple, pero en realidad solo es un incremento de un punto porcentual en la escala absoluta.

Así pues, el aumento de las alergias al cacahuate fue en realidad bastante pequeño, teniendo en cuenta todos los factores. Y aunque dichas alergias iban en aumento, no parece que se haya traducido en decesos relacionados con la anafilaxia. Entre 1986 y 2011, la provincia de Ontario, aquí en Canadá, registró 92 óbitos por anafilaxia, de los cuales 40 estaban relacionados con alimentos y 16 con el cacahuate. Además, estas cifras corresponden a toda la población, no solo a los niños. La edad media de las personas que fallecieron por alergias alimentarias fue de 32 años.

Ahora bien, no soy un monstruo. Cada muerte es una tragedia y morir por algo prevenible como una alergia alimentaria no debería ocurrir en una sociedad desarrollada como la nuestra. Pero está claro que las alergias alimentarias y las alergias al cacahuate no estaban aumentando tan rápidamente como algunos titulares de los periódicos querrían hacernos creer. Recuerden que en 2008 solo afectaban a 1,4 % de los niños. Sin embargo, en contexto 1 % de todos los niños de Estados Unidos se traduce en aproximadamente 700.000 niños con alergias alimentarias potencialmente mortales, así que tampoco es algo que se pueda menospreciar. Y el estrés de tener que vigilar todo lo que comes y llevar un EpiPen contigo a todas partes es claramente una carga de la que me encantaría prescindir.

Por tanto, se hizo lo que se consideró más adecuado. Se aconsejó a los padres que evitaran los cacahuates en la dieta de sus hijos. Pero como todas las profecías de la mitología griega, esto solo ocasionó precisamente lo que se intentaba evitar.

Las recomendaciones de la época sugerían a los padres retrasar la introducción de alimentos de alto riesgo al pasar a sus hijos a la alimentación sólida. Se suponía que los lácteos solo debían introducirse al año, el huevo a los dos años y los cacahuates, los frutos secos y el pescado a los tres años.

(En este punto, alguien en los comentarios está señalando que los cacahuates no son frutos secos, sino legumbres. No seas esa persona, ¿de acuerdo? Por favor.)

Así pues, los cacahuates solo se introducían a los tres años, lo que empeoró las cosas. Ahora, un cuarto de siglo después, nos parece obvio que el sistema inmunitario necesita entrar en contacto con el antígeno a una edad temprana para «aprender» que no es una amenaza. Pero en aquel momento no era obvio y, de hecho, solo contribuyó al aumento de las alergias. Dado que no contábamos con un profeta griego ciego que nos ayudara a sortear este problema, tuvimos que recurrir a la mejor alternativa: un ensayo controlado aleatorizado.

Resolviendo la crisis que creamos

El estudio LEAP fue revolucionario porque sus siglas realmente significaban algo medianamente sensato. En el ensayo sobre alergia Learning Early About Peanut (Aprender temprano sobre el cacahuate), se aleatorizó a 530 bebés (rango de edad entre 4 y 11 años) con alto riesgo de eccema o alergia al huevo para la introducción temprana de proteína de cacahuate o su evitación. Obviamente, no dieron cacahuates de verdad a los bebés, ya que representan un riesgo de asfixia. Les dieron mantequilla de cacahuate o Bamba, un aperitivo a base de dicho producto.

No andemos con rodeos sobre los resultados. La prevalencia de la alergia al cacahuate a los cinco años fue de 13,7 % en el grupo que lo evitaba y de 1,9 % en el que se introducía a una edad temprana. Se trata de una intervención tremendamente exitosa y debería ser un recordatorio aleccionador del daño que estábamos causando al decir a los padres que evitaran introducir el cacahuate en la dieta de sus hijos hasta los tres años.

Pocos estudios pueden afirmar que realmente cambiaron la práctica médica. Pero LEAP puede afirmarlo con razón, porque cambió las guías. La recomendación era introducir los cacahuates a una edad temprana, alrededor de los 4 a 6 meses, cuando la mayoría de los bebés empieza a tomar alimentos sólidos.

En un estudio reciente publicado en Pediatrics, se analizaron las alergias al cacahuate antes y después del cambio en las guías. Se utilizó un sistema de notificación electrónica colaborativa —por favor elijan otro nombre— para analizar la prevalencia de las alergias al cacahuate y a otros alimentos en tres periodos:

En la población pediátrica menor a tres años, las alergias al cacahuate pasaron de 0,79 % a 0,53 % y a 0,45 % y las alergias alimentarias en general pasaron de 1,46 % a 1,02 % y a 0,93 %. Ahora bien, se trata de cifras pequeñas en sentido absoluto, pero esto fue una inversión de la tendencia al alza que veníamos observando hasta entonces.

Invertir la tendencia de una línea no es poca cosa. Y aunque la gran mayoría de los niños, incluso en los peores momentos, nunca tuvo alergia al cacahuate, está claro que estábamos empeorando las cosas al excluir el cacahuate de la dieta de los bebés. Identificamos un problema y cambiamos nuestro comportamiento, como hice yo cuando descubrí por qué las lavadoras tienen esa pequeña boquilla en la esquina para el blanqueador.

Una última observación para quienes tengan hijos: cuando introduzcan los cacahuates o más probablemente la mantequilla de cacahuate en su dieta por primera vez, asegúrense de que entre en su boca, no en su piel. La probabilidad de desarrollar una alergia es mayor si la primera exposición a la proteína del cacahuate fue a través de la piel y no por vía oral. Así que asegúrense de que entre en su boca, no esparcida por toda la cara como un cuadro de Jackson Pollock.

Para Medscape, soy el Dr. Christopher Labos, con Bluey.

Nota de descargo de responsabilidad: Este contenido es informativo y no debe considerarse un consejo médico. Siempre consulte a un profesional de salud calificado para obtener orientación específica sobre alergias alimentarias y sus implicaciones.


Fuente: https://espanol.medscape.com/viewarticle/gran-p%C3%A1nico-cacahuate-c%C3%B3mo-creamos-accidentalmente-2026a10009zo

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