La tuberculosis es una infección transmitida por vía aérea que avanza en Latinoamérica por la existencia de condiciones de pobreza, desnutrición y hacinamiento. Afecta en mayor medida a personas que viven en las grandes urbes, comunidades indígenas y población privada de su libertad.
En el XVII Congreso de la Sociedad de Infectología de Córdoba, Argentina, especialistas advirtieron que muchos pacientes llegan tarde, con afectación meníngea o lesiones pulmonares cavitadas, añadiendo que el consumo problemático de drogas compromete el cumplimiento terapéutico y que el diagnóstico de tuberculosis suele confundirse con tabaquismo, asma o una infección respiratoria banal.
«La gente piensa que la enfermedad no existe o desconoce su gravedad. Sin embargo, en nuestro hospital vemos fallecer gente por tuberculosis como en épocas previas a la aparición de los antibióticos», explicó Domingo Palmero, director del Instituto de Tisioneumonología «Raúl Vaccarezza», jefe de neumonología del Hospital de Infecciosas «Francisco Javier Muñiz», de Buenos Aires, y profesor titular de la cátedra de neumonología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Eugenia Tirao, infectóloga pediatra del Hospital Infantil de Córdoba, planteó los desafíos que se presentan a la hora de detectar la infección en pacientes pediátricos. Los niños menores de cinco años suelen tener síntomas más sutiles que los adultos: decaimiento, pérdida de peso o cambios en el humor.
«Ahí es donde tenemos que salir a buscar los casos a través del control de foco. Si esperamos que el paciente venga al hospital cuando tiene una tos muy avanzada llegamos tarde», detalló la especialista.
Epidemia en aumento
En Latinoamérica, la tuberculosis avanza superando los niveles previos a la pandemia. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) indicó que en 2024 se computaron 350,000 casos, el mayor número registrado desde que se disponen de datos para la región.
La mayor carga de enfermedad se concentra en ocho países, entre ellos, Argentina, donde en 2025 se registraron 37.3 casos por 100,000 habitantes.
Los casos incidentes –nuevos y recaídas– aumentaron en un promedio anual de 10.5 % de 2020 a 2025, según el Boletín Epidemiológico Nacional. La tasa de notificación pasó de 21.9 a 35.3 por cada 100,000 habitantes. En cifras absolutas, los diagnósticos positivos crecieron de 9,944 a 16,359, reportando un incremento de 64 % en cinco años.
Datos preliminares hasta el 6 de junio de este año indican que la cifra seguirá en ascenso.
«No todos los centros de atención primaria tienen la capacidad para detectar casos y muchos pacientes son derivados a centros especializados, para lo cual tienen que viajar y esto es costoso», apuntó Palmero.
Otro dato significativo es que 84 % de los casos incidentes tuvo localización pulmonar y apenas 53 % de pacientes completó el tratamiento, lejos de la meta de 90 % establecida por la OPS para 2030.
La mortalidad aumentó 13 % de 2023 a 2024, signos evidentes de diagnóstico tardío y falta de acceso a los sistemas de salud.
En Argentina, la mayor carga de enfermedad se concentra en Buenos Aires, principalmente en su área metropolitana, con 66 % del total de los casos. «Es importante sensibilizar a los equipos de salud para que salgan a pesquisar más allá de las personas que tienen comorbilidades», agregó Alexis Manzo, presidente de la Sociedad de Infectología de Mar del Plata, en Buenos Aires.
Mayor riesgo en comunidades vulnerables
Además de Buenos Aires, cuatro provincias concentran las tasas más altas de notificación en el país: Salta (63.7 por 100,000 habitantes), Jujuy (52.3), Formosa (42.7) y Chaco (39.3). Las cuatro jurisdicciones se encuentran por encima del promedio nacional de 37 casos por 100,000 habitantes.
«En las provincias del norte argentino encontramos otro perfil de tuberculosis más vinculado a las condiciones desfavorables de los pueblos originarios. Y ese es el problema con enfermedades tan antiguas como esta: son ignoradas y nadie piensa en ellas», subrayó Palmero.
Guillermo Sequera, especialista en medicina interna y epidemiólogo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), analizó la situación de vulnerabilidad de las poblaciones indígenas de Latinoamérica, trazando un paralelismo entre Argentina y Paraguay, donde realiza investigaciones sobre tuberculosis desde hace más de diez años.
«En términos de incidencia, el Chaco paraguayo tiene las tasas más altas del país, afectando principalmente a las poblaciones indígenas, lo mismo que sucede en las provincias del norte argentino. Sin embargo, los números absolutos son bajos en relación a áreas metropolitanas grandes como las que rodean Asunción o Ciudad del Este», explicó Sequera.
Asimismo, añadió una salvedad: «Si analizamos a las personas de pueblos originarios que se mudan a las grandes ciudades, vemos alta carga de enfermedad porque viven en condiciones mucho más vulnerables», señalando el hacinamiento en las prisiones como otro factor determinante. «Algunos países, como El Salvador, triplicaron la cantidad de encarcelamientos. Eso explica en parte por qué nuestro continente es el único que no logra bajar la incidencia de la enfermedad».
Gabriela Roca, coordinadora del Programa Provincial de Tuberculosis en Córdoba, agregó que el riesgo de infección en cárceles es diez veces mayor y recomienda extender la red diagnóstica en prisiones y garantizar incentivos para que las personas privadas de su libertad puedan mantener el cumplimiento terapéutico.
El desafío de detectar en pediatría
Detectar tuberculosis en pacientes pediátricos implica mayor desafío, sostiene la infectóloga Eugenia Tirao: «Si llega un paciente con bronquitis obstructiva recurrente y tos persistente que no se resuelve, tenemos que pensar en tuberculosis. Podemos preguntar por su comportamiento en su casa, su humor, si tiene deseo de jugar, sus condiciones de vida y si algún miembro de su familia estuvo o está en prisión».
A partir de 2024, el Hospital Infantil de Córdoba junto al Programa Municipal de Tuberculosis conformó un equipo interdisciplinario que realiza una búsqueda activa en la comunidad mediante controles de foco con los contactos estrechos del caso índice. En niños mayores de cinco años se incluyen compañeros de clases y de clubes.
En menores de cinco años, donde se dificulta la toma de muestra por esputo inducido, se utiliza materia fecal y examen radiológico. «Esa estrategia nos ayudó bastante porque muchos padres se oponían al aspirado gástrico, un método más invasivo. Así encontramos casos que antes pasaban desapercibidos».
Cuando se detecta un caso en el niño o su familia, el seguimiento se realiza a través de citas periódicas en el hospital. En caso de no poder asistir, se controla mediante un tratamiento directamente observado: se pide al adulto a cargo que envíe videos o fotos y se realizan consultas virtuales para garantizar el cumplimiento terapéutico. Si no se puede contactar al paciente, un equipo de atención primaria se presenta en su domicilio para controlar la evolución.
Desafíos pendientes
La estrategia de Argentina para acercarse al objetivo de la OPS se focaliza en la ampliación de la red diagnóstica molecular y la incorporación de equipos que procesen esas muestras en establecimientos estratégicos. «Esto contribuye a mejorar el acceso oportuno al diagnóstico y a reducir los tiempos de confirmación de la enfermedad», señaló Roxana Aquino, directora del Programa de Respuesta al VIH, ITS, Hepatitis Virales, Tuberculosis y Lepra del Ministerio de Salud de la Nación.
De los casos notificados en 2025, 32.4 % fue estudiado a través de pruebas moleculares rápidas, que permiten obtener un diagnóstico presuntivo que luego se confirma mediante un cultivo y también detectar algunos casos de tuberculosis resistente.
Los métodos rápidos pueden detectar el complejo Mycobacterium tuberculosis y resistencia a rifampicina en solo dos horas. «El paciente ya sabe si tiene la infección y si se contagió con una bacteria de tuberculosis resistente», informó Palmero.
Consultado sobre su pronóstico para los próximos años, el referente no se muestra optimista: «Además de tratamiento, es necesario que se cubran las necesidades básicas, como la alimentación. No creo que en poco tiempo se puedan resolver los problemas de pobreza estructural de Argentina. Bajar la incidencia de tuberculosis es muy difícil. Subir es bastante fácil».
Nota de Descargo de Responsabilidad: La información presentada en este artículo es solo para fines informativos y no sustituye el asesoramiento médico. Consulte a un profesional de salud calificado para cualquier problema médico o situación específica.
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