A tener en cuenta
- Tras un viaje prolongado, cualquier disnea aguda debe hacer sospechar una embolia pulmonar, especialmente si existen factores de riesgo tromboembólico.
- Las infecciones respiratorias son frecuentes al regresar de un viaje; en su mayoría son virales, pero hay que descartar la legionelosis tras una estancia en un hotel o un crucero.
- El contexto de exposición (altitud, buceo, aglomeraciones) ayuda a orientar el diagnóstico de la disnea postviaje.
En una persona que regresa de un viaje, la disnea aislada o predominante puede indicar diversas situaciones patológicas, potencialmente graves, como un episodio tromboembólico relacionado con el transporte, una infección contraída durante el viaje, la descompensación de una enfermedad preexistente o incluso una afección relacionada con una exposición ambiental específica.
Causas tromboembólicas relacionadas con el transporte
El regreso de un viaje, especialmente tras un trayecto prolongado, en particular en vuelos de larga distancia, conlleva un riesgo de tromboembolia venosa. Una disnea repentina o que progresa rápidamente, asociada o no a dolor torácico o taquicardia, debe hacer sospechar una embolia pulmonar.
La inmovilidad prolongada, la deshidratación relativa y los cambios en la presión de la cabina favorecen la estasis venosa, la hipoxia y un estado de hipercoagulabilidad, lo que contribuye al riesgo de enfermedad tromboembólica venosa, siendo la embolia pulmonar la complicación más grave. Puede producirse de forma aislada o como consecuencia de una trombosis venosa profunda de las extremidades inferiores.
La mayoría de los casos notificados tras un vuelo se diagnostican en las semanas posteriores al viaje (a menudo entre 2 y 4 semanas).
El riesgo es mayor en personas que presentan factores de riesgo (antecedentes de tromboembolismo venoso, trombofilia, embarazo o cirugía reciente). La identificación precoz de las personas en riesgo se basa en una evaluación individualizada, que puede apoyarse en modelos de estimación del riesgo.
Infecciones respiratorias contraídas durante un viaje
Al regresar de un viaje, las infecciones respiratorias son una causa frecuente de disnea.
Un metaanálisis reciente muestra que los síntomas respiratorios afectan a alrededor del 37 % de los viajeros, incluido el 10 % de infecciones respiratorias confirmadas en todos los medios de transporte, siendo las concentraciones masivas el principal contexto de riesgo. El transporte aéreo y los cruceros también están implicados, aunque en menor medida, principalmente en el caso de los virus de transmisión aérea.
Dependiendo del contexto y teniendo en cuenta la relación temporal con el viaje y el periodo de incubación, deben barajarse varios diagnósticos.
Los agentes etiológicos son principalmente virales, entre los que predominan los coronavirus y los virus de la gripe. Las bacterias representan alrededor del 6 % de los casos, principalmente Haemophilus influenzae. Las infecciones fúngicas son poco frecuentes y suelen estar relacionadas con exposiciones específicas.
En el diagnóstico también deben tenerse en cuenta algunas enfermedades sistémicas no respiratorias (paludismo, fiebre tifoidea, leptospirosis) que pueden manifestarse con síntomas respiratorios.
La legionelosis debe descartarse, especialmente en caso de estancia en un hotel o de crucero, durante los 2 a 10 días previos al inicio de los síntomas y ante una disnea febril asociada, en particular, a trastornos digestivos. Entre 2017 y 2023, aproximadamente entre el 10 % y el 20 % de los casos anuales estaban relacionados con viajes. La transmisión se produce por inhalación de aerosoles contaminados (duchas, piscinas). Los viajeros pueden desarrollar la enfermedad tras su regreso, debido a un periodo de incubación que suele oscilar entre 2 y 10 días (media de 5 a 6 días).
Infecciones respiratorias conocidas y descompensación relacionada con el transporte aéreo
En los pacientes con enfermedad respiratoria crónica, la aparición de disnea al regresar de un viaje debe hacer sospechar una posible descompensación de la enfermedad subyacente.
En un avión, los pasajeros están expuestos a una hipoxia relativa, equivalente a la que se experimenta a unos 2 400 metros de altitud. Si bien en una persona sana la saturación arterial suele mantenerse por encima del 90 %, esta hipoxia moderada puede ser suficiente para desestabilizar a los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas.
Hay varias situaciones de riesgo:
- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC): La reducción de la reserva ventilatoria limita la adaptación a la hipoxia de altura, lo que favorece la insuficiencia respiratoria.
- Neumopatías intersticiales difusas: La desaturación durante el esfuerzo es frecuente y puede agravarse en situaciones de hipoxia.
- Hipertensión pulmonar: La vasoconstricción asociada a la hipoxia puede aumentar la presión pulmonar y provocar una descompensación del lado derecho.
- Enfermedad respiratoria reciente o inestable: El riesgo de desestabilización en un contexto de hipoxia es mayor.
Exposiciones ambientales específicas
- Edema pulmonar de gran altitud: una estancia reciente en altitud puede provocar disnea al descender o al regresar, lo que lleva a sospechar un edema pulmonar de gran altitud. Este se manifiesta como disnea de esfuerzo que evoluciona hacia disnea en reposo, a veces acompañada de tos, estertores crepitantes y un empeoramiento nocturno de los síntomas. El edema pulmonar de gran altitud suele aparecer entre 2 y 4 días después de un ascenso rápido por encima de los 2500 metros, sin una aclimatación suficiente, pero no debe descartarse por debajo de este umbral. Es el resultado de una respuesta exagerada a la hipoxia de altura, responsable de una vasoconstricción pulmonar no homogénea y de un aumento de la presión arterial pulmonar.
- Accidente de descompresión en el buceo: la enfermedad por descompresión pulmonar corresponde a una forma respiratoria de accidente de descompresión que se produce con mayor frecuencia tras un ascenso demasiado rápido en el buceo submarino, relacionada con la formación de burbujas de nitrógeno en la circulación pulmonar. Se manifiesta con disnea aguda acompañada de tos seca y opresión torácica. En un paciente con síntomas, especialmente en las horas posteriores a una inmersión, debe considerarse esta etiología.
Este contenido fue publicado originalmente en Univadis Francia, parte de la Red Profesional de Medscape.
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