Introducción
La espondilitis anquilosante forma parte del espectro de la espondiloartritis axial, una enfermedad inflamatoria crónica de origen inmunitario que afecta predominantemente a las articulaciones sacroilíacas, la columna vertebral e inserciones tendinosas. Esta enfermedad se asocia frecuentemente a manifestaciones extramusculares (uveítis, psoriasis, enfermedad intestinal inflamatoria) que empeoran considerablemente la calidad de vida y los resultados a largo plazo. Las características clínicas típicas son dolor lumbar inflamatorio con rigidez matutina y mejora con el ejercicio en lugar del reposo. El diagnóstico suele retrasarse, lo que impide el tratamiento temprano y probablemente empeora los resultados estructurales.
Fisiopatología de la enfermedad
Los modelos de fisiopatología de la enfermedad coinciden en que hay una fuerte predisposición genética, en particular, a través del HLA-B27, junto con interacciones desreguladas entre la mucosa y el sistema inmunitario. Existen diferentes vías de citocinas efectivas, donde el eje interleucina-23-interleucina-17 es prominente, aunque no explica de forma completa la biología de la enfermedad axial. Estudios recientes han mostrado que, aunque el bloqueo de la interleucina-17 es clínicamente eficaz, el bloqueo de la interleucina-23 ha resultado ineficaz en varios ensayos, lo que sugiere mecanismos divergentes en el contexto de la enfermedad.
Objetivos del tratamiento
Las guías y consensos actuales abogan por un conjunto de objetivos centrados en el paciente para el tratamiento, que incluyen el control rápido de los síntomas y la inflamación, la preservación o restauración de la función física, la prevención de la progresión estructural y el tratamiento de manifestaciones extramusculares. La minimización de la toxicidad de los fármacos y la optimización de la calidad de vida relacionada con la salud son también fundamentales.
Estrategias de manejo
Para alcanzar estos objetivos, el ejercicio, la fisioterapia y la educación se consideran esenciales y se recomiendan para todos los pacientes a excepción de aquellos con fusión espinal avanzada. La evidencia sugiere beneficios de los programas de ejercicio estructurados en términos de actividad de la enfermedad, funcionalidad y movilidad. El enfoque farmacológico es generalmente gradual e individualizado, comenzando con medicamentos antiinflamatorios no esteroideos junto con rehabilitación.
Los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad sintéticos convencionales como la sulfasalazina y el metotrexato tienen un papel limitado en la inflamación axial. Aunque los glucocorticoides sistémicos pueden ofrecer un beneficio temporal, no son una estrategia a largo plazo.
Consideraciones finales
En la espondiloartritis axial, las decisiones más complicadas suelen surgir tras el fracaso de los antiinflamatorios no esteroideos. Es fundamental evaluar cuándo pasar a la terapia biológica o sintética dirigida, eligiendo entre diferentes opciones como la inhibición del factor de necrosis tumoral, el bloqueo de interleucina-17, o inhibidores de JAK. Para una mejor comprensión y manejo de estas decisiones, es recomendable participar en un mini-examen clínico que evalúe los conocimientos actuales sobre el tratamiento de esta enfermedad.
Disclaimer: La información presentada es meramente informativa y no debe ser utilizada como sustituto del consejo médico profesional. Siempre consulte a un médico o a otro proveedor de salud calificado con cualquier pregunta que pueda tener respecto a una condición médica.
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