Un estudio publicado en European Heart Journal indica que consumir alimentos con aditivos conservantes comunes puede aumentar el riesgo de sufrir hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares. El trabajo forma parte de un estudio más amplio llamado NutriNet-Santé e incluyó a 112.395 voluntarios de toda Francia.
Los investigadores analizaron detalladamente los ingredientes de todos los alimentos y bebidas, incluidos los conservantes, y realizaron un seguimiento de la salud de los voluntarios durante una media de siete a ocho años para observar si desarrollaban hipertensión o enfermedades cardiovasculares.
Los resultados sugieren que las autoridades responsables necesitan reevaluar los riesgos y beneficios de estos aditivos para proteger mejor al consumidor. Además, los investigadores analizan cómo los aditivos y los alimentos ultraprocesados afectan a los marcadores de inflamación, el estrés oxidativo, el perfil metabólico en sangre y la composición de la microbiota intestinal, lo que podría ayudar a entender por qué aumentan el riesgo de enfermedad.
Preocupación por ciertos conservantes
Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno, miembros de Grupo de Trabajo de Nutrición de SEMERGEN, valoran para EL MÉDICO INTERACTIVO este estudio y señalan que los conservantes que generan más preocupación son los nitritos y nitratos usados en carnes procesadas, como embutidos, salchichas o beicon, porque se asocian con inflamación vascular y mayor riesgo cardiovascular cuando el consumo es frecuente. Además, conservantes muy comunes no antioxidantes y antioxidantes, incluyendo el ácido cítrico (E330), los sorbatos (E202) y el propio ácido ascórbico sintético (E300), muestran una asociación estadística directa con una mayor incidencia de hipertensión y enfermedad cardiovascular.
Personas con antecedentes
Por lo tanto, el foco debe ponerse en pacientes con síndrome metabólico previo, hipertensión, insuficiencia cardiaca o enfermedad renal. Las asociaciones con patologías coronarias son marcadamente más fuertes en personas que ya padecen alteraciones metabólicas. También se han asociado estos mismos conservantes con la aparición de diabetes mellitus tipo 2, generando un efecto sinérgico perjudicial. Los niños y las embarazadas completan este grupo de riesgo debido a su menor masa corporal y a la inmadurez de sus sistemas de detoxificación hepática y renal.
Los especialistas recuerdan que la legislación europea obliga a declarar estos conservantes en el listado de ingredientes mediante su nombre químico o su código numérico europeo; por ejemplo, E250 para el nitrito sódico o E220-E228 para los sulfitos. Sin embargo, “existe una trampa de transparencia: las etiquetas indican qué conservante lleva, pero no la cantidad exacta en miligramos. Un mismo conservante varía en gran medida entre marcas para un mismo tipo de alimento, haciendo imposible el cálculo de la dosis real de exposición diaria acumulada. También puede indicarse como conservador, fosfatos, estabilizantes o sales de curado”, detallan Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno.
Dónde están presentes
Hay que recordar que más del 20 % de los alimentos y bebidas industriales del mercado contienen actualmente al menos uno de estos aditivos. El peligro radica en los alimentos ultraprocesados y de larga vida útil. Las fuentes principales de exposición son las carnes procesadas (embutidos, salchichas), las bebidas alcohólicas y refrescos, y los platos preparados, salsas y panadería industrial.
Pero no todos los conservantes son perjudiciales y su función tecnológica es vital para garantizar la seguridad microbiológica alimentaria. Sustancias como los tocoferoles (Vitamina E / E306) han demostrado ser inocuas para la salud cardiovascular en estudios poblacionales. No obstante, el peligro no es una ingesta aislada dentro de una dieta equilibrada, sino consumir múltiples aditivos de forma frecuente y en cantidades elevadas a través de diferentes productos ultraprocesados.
Tal y como apuntan los especialistas, “al disminuir o eliminar los alimentos ultraprocesados de la dieta y sustituirlos por opciones frescas, se produce una reducción drástica en la carga de sodio metabólico y en el estrés oxidativo tisular, lo que se traduce a medio plazo en una optimización de la presión arterial, una reducción de los marcadores de inflamación sistémica y una mejora del perfil cardiometabólico general”.
Cuidado con los niños
En la población infantil, se ha asociado el abuso de ultraprocesados con la aparición de hipertensión arterial precoz, resistencia a la insulina y obesidad. Además, “la exposición continuada a mezclas complejas de aditivos altera sus patrones del gusto y ciertos conservantes combinados con colorantes actúan como disruptores neuroquímicos, agravando síntomas de hiperactividad e impulsividad en niños predispuestos”, apuntan Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno, quienes señalan que para reducir su consumo habría que “priorizar los alimentos frescos o mínimamente procesados y cocinar más en casa. Basar la alimentación en el modelo de la dieta mediterránea (frutas, verduras, legumbres y pescado), reducir drásticamente las carnes procesadas y aprender a leer las etiquetas para descartar productos cuyos listados de aditivos sean excesivamente largos”.
Los Dres. Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno declaran no tener conflicto de intereses.
Disclaimer: Esta información está destinada únicamente para fines educativos y no debe considerarse como asesoramiento médico. Siempre consulte a un profesional de la salud para cualquier pregunta o preocupación relacionada con su salud.
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