Resumen
La malabsorción de lactosa y la intolerancia a la lactosa son condiciones frecuentes, clínicamente distintas. La malabsorción de lactosa se refiere al paso de este carbohidrato no digerido al colon, debido a deficiencia de lactasa, mientras que la intolerancia implica la aparición de síntomas gastrointestinales tras su ingesta, en presencia de malabsorción. La alactasia es una forma congénita rara de ausencia total de actividad de la lactasa. La hipolactasia primaria es una reducción fisiológica y genética de la lactasa en la edad adulta. La prevalencia global de malabsorción alcanza hasta dos tercios de la población, con cifras elevadas en América Latina y México. El diagnóstico puede realizarse mediante pruebas no invasivas, como la prueba de aliento con lactosa, pruebas genéticas, test de gaxilosa y prueba de tolerancia a la lactosa; o bien mediante métodos invasivos como la medición enzimática en biopsias duodenales. El tratamiento debe centrarse en controlar los síntomas sin comprometer el estado nutricional, mediante dietas bajas en lactosa, suplementos de lactasa exógena y el uso de probióticos o prebióticos. Es fundamental evitar restricciones innecesarias que puedan llevar a deficiencias nutricionales o a trastornos alimentarios, como el de restricción o evitación de la ingesta de alimentos. Un enfoque diagnóstico y terapéutico individualizado mejora la calidad de vida y el manejo clínico de estos pacientes.
Introducción
Se estima que el 70% de los adultos que experimentan dolor y distensión abdominal, meteorismo y/o diarrea refieren como desencadenante o factor exacerbante el consumo de alimentos como los lácteos y/o ciertos carbohidratos. De esta población, el 89% ya ha realizado restricciones dietéticas antes de acudir a una valoración médica, principalmente mediante una dieta sin lactosa o baja en oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables (FODMAPs), sin considerar que el consumo de lácteos puede ofrecer beneficios para la salud y la microbiota en cualquier etapa de la vida.1 Por lo tanto, la restricción injustificada de lácteos podría tener consecuencias negativas en la calidad de vida y en el estado nutricional de los pacientes. A pesar de que la primera descripción de casos de intolerancia a la lactosa (IL) data del año 400 a. C, la entidad clínica comenzó a reconocerse en los últimos cincuenta años.2 La prevalencia aproximada de la IL es del 57% a nivel global, del 50% en Sudamérica, y del 53% en la población mexicano-estadounidense.3 En México, la causa más común es la deficiencia primaria de lactasa (DPL), que se estima que ocurre en el 30% de los mexicanos adultos.4 El síndrome clínico más común de malabsorción de carbohidratos es el relacionado con la lactosa. Sus características clínicas son inespecíficas, se asemejan y/o pueden superponerse con otros trastornos funcionales digestivos y/o enteropatías, e incluyen meteorismo, distensión abdominal y diarrea osmótica.5 La malabsorción de lactosa (MA) y la IL son dos entidades clínicas distintas que con frecuencia se confunden, son pobremente abordadas por el inusual uso de métodos diagnósticos como la prueba de medición de Hidrógeno en aire espirado (HAE) o prueba de aliento con lactosa y, por ello, están sobre diagnosticadas. Otro factor, otro factor que dificulta el abordaje diagnóstico es la falta de un método estándar de oro, la disponibilidad limitada de los métodos actuales en la mayoría de los centros de atención clínica y el costo de estos. En pacientes en quienes se confirma la presencia de MA e IL, el manejo debe ser multidisciplinario y el pilar del tratamiento debe ser la modificación dietética que promueva la resolución de los síntomas, sin incrementar el riesgo de desnutrición ni el desarrollo del trastorno por evitación o restricción de la ingesta alimentaria (ARFID, por su sigla en inglés).
El objetivo de esta revisión narrativa es actualizar la evidencia más reciente relacionada con la MA e IL en la población adulta. No se abordarán los errores congénitos del metabolismo de la lactosa, como la deficiencia congénita de lactasa (alactasia), la cual tiene un patrón de herencia autosómico recesivo y es grave, ni la entidad conocida como alergia a la proteína de la leche de vaca.
Ana L. Ordoñez-Vázquez1· Abigail Fuentes-Montalvo2· Enrique Coss-Adame2
1 Departamento de Gastroenterología del IMSS Hospital General de Zona No. 33, Bahía de Banderas, San Clemente de Lima, Nayarit, Tepic.
2 Laboratorio de Motilidad Gastrointestinal del Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, CDMX, CDMX.
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