La hiperplasia benigna de próstata (HBP) es la afección urológica más frecuente, a menudo asociada a síntomas del tracto urinario inferior que afectan la calidad de vida. Se calcula que afecta aproximadamente al 50% de los hombres mayores de 50 años y a más del 85% de los hombres de más de 80 años. En la actualidad, disponemos de un arsenal creciente de opciones de tratamiento quirúrgico, que van desde terapias quirúrgicas mínimamente invasivas hasta técnicas de enucleación. Esta amplia disponibilidad nos permite abordar las necesidades de cada paciente de forma individualizada, proporcionando tratamientos cada vez más personalizados. La primera descripción de la enucleación endoscópica de próstata (EEP) se remonta a 1983, cuando Hiraoka1 publicó datos sobre su técnica en Japón. Sin embargo, no fue hasta 1998, con el desarrollo de los primeros morceladores asociados al uso del láser de holmio por Fraundorfer y Gilling,2 cuando la enucleación prostática con láser de holmio (EEP) adquirió una gran popularidad, marcando el inicio de la era moderna de la EEP. En los últimos 25 años, el interés por la enucleación endoscópica ha ido creciendo en todo el mundo, utilizándose muchas fuentes de energía diferentes. En la actualidad, la HoLEP se incluye en las guías como el único tratamiento quirúrgico para la HBP independiente del tamaño de la próstata, con beneficios objetivos y subjetivos demostrados en términos de eficacia, baja morbilidad y durabilidad.3 Algunas de estas características son de suma importancia en una población mundial cada vez más envejecida, con una posible saturación futura de recursos financieros y humanos. Uno de los principales obstáculos para la adopción universal de la HoLEP es su larga curva de aprendizaje, combinada con su potencial perfil de complicaciones y los costes de acceso a los láseres de alta potencia. Estas cuestiones suelen desanimar a los endourologos durante su fase de formación inicial al enfrentarse a retos y dificultades, lo que frustra la incorporación del método en sus centros. Se calcula que se necesitan aproximadamente de 30 a 50 casos para realizar el procedimiento de forma segura y con buenos resultados. Durante este periodo, la orientación de un mentor/proctor facilita la adquisición de las habilidades y la confianza necesarias para manejar casos cada vez más complejos (próstatas grandes, uso de anticoagulantes, postradioterapia, prostatitis crónica). Es posible que este apoyo facilite la adopción del método y conduzca a una mayor tasa de éxito.
Eduardo Terra Lucas, MD
Hospital Divina, Porto Alegre, Brazil
Hospital Moinhos de Vento, Porto Alegre, Brazil
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